NADA DE DETERGENTES RAROS

NADA DE DETERGENTES RAROS

Seis errores que siempre cometes fregando los platos según la ciencia y cómo solucionarlos

Haces más brazo fregando los platos que en el gimnasio y aun así siempre se te quedan grasientos y con restos pegoteados. Es probable que uses demasiado jabón, pongas mal la temperatura del agua o estés colocando mal la vajilla en el lavaplatos: atento a esto y come sobre limpio de una vez por todas.

Berta Mina | @BertaMina | Madrid | 25/01/2017

El frotar se va a acabar
El frotar se va a acabar | Flickr

Menuda fregaza se te ha acumulado, compañero. Después de un buen rato de frotar, enjabonar, aclarar y notar como se cuelan por la axila esas molestas gotas de agua mientras colocas los platos para que se sequen, estás convencido de que tu vajilla se ha quedado como los chorros del oro. Pero te equivocas: la realidad es que tu estropajo es un foco de gérmenes y gracias a él estás generando una cantidad de residuos brutal, sin contar con que además estás rallando los platos.

Y esto sólo es el principio de los problemas, pero tranquilo que no eres el único que los cometes. Estos son los errores más comunes que casi todos tenemos cuando fregamos los platos, y estas son las soluciones para remediarlo.

1. Te estás pasando con el jabón

A ti lo de usar una gotita de lavavajillas como hacían los de Villarriba y Villabajo no te vale: lo que te gusta es crear un baño de espuma en tu fregadero. Vamos, que sólo te falta el patito de goma para quedarte satisfecho. Error.

Usando tanto jabón lo único que vas a conseguir es que tus platos se queden con residuos del producto y que acabes comiendo las lentejas con burbujas (puag). De verdad, no hace falta utilizar cantidades industriales de detergentes espumosos y olorosos: con un poco de agua y jabón es más que suficiente para desinfectar tus platos.

2. Cierra el grifo

A la hora de lavar los platos, al margen de que queden limpios, no está de más ahorrar un poco de agua. Vamos a romper de una vez con todas con el mito: si en casa tenéis lavavajillas, usadlo porque se gasta menos agua lavando con este electrodoméstico que haciéndolo a mano.

De hecho, según la OCU, utilizando el lavavajillas en plena carga y en el programa ‘eco’ se gasta un 16% menos de agua y un 20% menos de energía porque, aunque tarde más tiempo en lavar, lo hace a menor temperatura.

En el caso de que no tengas lavavajillas, tampoco hagas drama: procura llenar el fregadero de agua y enjabonar todos los platos con el grifo cerrado en lugar de enjuagar los platos uno a uno dejando que el agua corra a cual manantial. Te aseguramos que quedarán igual de limpios y ahorrarás algo de agua, energía y dinero. ¿Necesitas más motivos?

3. ¿Hace cuánto que no cambias la esponja?

El estropajo de al lado del fregadero, ese que está arrugado, casi sin esponja y con restos de tomate frito, va a terminar cobrando vida. Si tu objetivo no es que todas las bacterias acumuladas vayan a parar a tus platos es importante que lo cambies regularmente.

Es más, lo ideal es que sustituyas tus esponjas de colores por unos estropajos de fibra natural, ya que con el cuidado y la limpieza adecuada es una alternativa más higiénica: enjuágalos bien después de cada uso y ponlos a secar al sol para eliminar bacterias. Lo mismo pasa con el fregadero, ya que si lavas tus platos en un espacio sucio es lógico que la vajilla acabe igual.

Así las cosas, ten claro que además de los cacharros hay que limpiar el fregadero en sí, así que desinféctalo antes de usarlo. El lavavajillas no se queda atrás: el calor y la humedad son perfectos para crear un ambiente de moho y bacterias. Por eso es recomendable ponerlo vacío de vez en cuando con una taza de bicarbonato de sodio y limpiar los filtros al menos dos veces al año para no llenar tus platos de restos y gérmenes.

Con el lavaplatos ahorras agua, dinero y energía, pero, ojo, que no todo vale. | Pixabay

4. El frotar se va a acabar

Has tenido una cena en casa y lo último que te apetece es recoger los platos y retirar los restos de comida. Lo entendemos, pero si no haces ese pequeño esfuerzo y tiras las sobras a la basura la vas a liar, pero bien liada. El motivo: los restos se quedarán adheridos como si no hubiese un mañana y vas a tener que darle al ‘nanas’ y hacer tríceps para sacarlos de tu vajilla.

Con quitar los residuos y darles un chorro de agua y echar un poco de jabón será suficiente para ahorrarte el sufrimiento del día siguiente.

5. En el lavavajillas no todo vale

Es mucho más fácil usar el lavaplatos para todo y olvidarte de fregar, pero ojo, no todos los utensilios deben ir al lavavajillas. Las cucharas, las paletas o las tablas de madera se pueden hinchar o agrietar con el calor extremo, así que lávalos a mano sin sumergirlos en agua.

Los cuchillos también se pueden estropear y terminar por no servir ni para cortar mantequilla, y evitando el lavavajillas se mantienen afilados y los mangos no se dañan.

Por último, aunque fregar las ollas sea un fastidio, usa el estropajo para limpiarlas, especialmente si son antiadherentes, ya que se estropean con facilidad.

6. La clave está en desinfectar

¿Cómo conseguimos que las bacterias no anden por la cocina como Pedro por su casa? Fácil: manteniendo el entorno limpio. Si los platos están en un mueble o encimera sucia, no servirá de mucho que friegues a conciencia.

Lo mismo ocurre si secas las cosas con el mismo trapo que con el que te limpias las manos. Lo mejor es utilizar paños diferentes para cada uso y, aún mejor, que dejes que los platos se escurran y sequen a temperatura ambiente.

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