Hasta hace unas décadas las instituciones psiquiátricas estuvieron rodeadas de un halo de misterio que ocultaba el interés estatal que había detrás de ellas: el control social de los enfermos allí confinados. Sin ningún interés médico para su cura y reinserción.

Un manicomio era una prisión sin salida. Y un problema invisible, como reflejan estos versos de Leopoldo María Panero:

“Mañana morirá otro loco:

de la sangre de sus ojos nadie sino la tumba

sabrá mañana nada”

(Poemas del manicomio de Mondragón, 1987)

Raymond Depardon conoció en 1977 a Franco Basaglia, director del manicomio de Trieste y conocido por su militancia contra estos centros y sus denuncias de sus terribles condiciones en Italia (algo extrapolable al resto de países).

Gracias a este encuentro tuvo origen ver el documental 'San Clemente' (1982), que narra los últimos días de la institución del mismo nombre. Pero el cineasta y fotógrafo francés no solamente estuvo en el momento del cierre, sino que tuvo vía libre por parte de Basaglia y otros directores para documentar durante cuatro años cómo se trataba a las personas encerradas.

“Si no registras estas imágenes la gente no nos va a creer”, fueron las palabras del psiquiatra al documentalista. Basaglia fue uno de los impulsores de la Ley 180 de 1978 en Italia, que prohibió el internamiento de personas en contra de su voluntad. Consiguió la supresión de estos centros después de muchos años de lucha por reformarlos desde dentro y de darse cuenta de que lo que se necesitaba era cortar por lo sano. Hacía falta una lobotomía radical contra los manicomios.

“La gente que tiene una enfermedad mental entra en estos lugares como personas y se convierten en cosas”, dijo el psiquiatra en 1961, cuando inició su cruzada para conseguir que los “lunáticos” fueran tratados como personas.

De personas es de lo que quería hablar Depardon en su film, que buscó la humanización de la gente recluida en San Clemente. Lo que la sociedad arroja como un desperdicio se va tornando de nuevo en humano gracias a mantener la distancia adecuada de la cámara con respecto a los enfermos, enfermeros y doctores.

Al entrar en un tipo de vida (o no vida) en la que no hay nada que hacer el francés busca incesantemente los detalles, grabando o fotografiando a los enfermos sigilosamente. Algunos se dejan seguir, otros son más reacios y otros directamente la emprenden a escobazos contra la cámara, pero ésta no deja de mostrar momentos de un vacío deambular detrás de las tapias del psiquiátrico.

La desazón que desprende el documental se acrecienta en las fotografías realizadas entre 1977 y 1981 y publicadas hace unos meses por la editorial Steidl. “No hay nada que se pueda hacer por ellos, la institución les ha convertido en esto”, afirma Depardon que le dijo el director del “asilo para locos”. Una rémora de lo que allí se vivió se puede seguir visitando en San Servolo, el antiguo manicomio de Venecia, actualmente reconvertido en museo.

Algunas estampas rozan el esperpento, pero la mayoría llevan impresas retazos de humanidad con la que podemos sentirnos identificados. Todas se enmarcan en la decadencia de una institución decimonónica inventada para separar “locos” de delincuentes o mendigos y con una carga profunda de religiosidad y prejuicios.

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Un hombre desnudo con todos sus harapos desperdigados por el suelo.

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Otro mirando su pantalón, que le queda como un saco.

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Otras imágenes recuerdan al famoso grabado de Goya 'El sueño de la razón produce monstruos'...

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… O a 'El grito' de Munch.

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Pero la que deja sin palabras es la de este hombre enjaulado.

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Puedes ver todas las fotografías de Depardon en Magnum Photos. Observando estas imágenes entendemos el afán del director italiano por destruir estos lugares. Sin compasión. Porque hasta en los cataclismos “surgen manantiales nuevos”, como escribió Fiedrich Nietzsche en 'Así hablaba Zaratustra'.

El fallecimiento de Basaglia se produjo en 1980, después de este triunfo para la salud mental. Gracias a psiquiatras como él, a filósofos como Foucault y a testimonios gráficos como los de Depardon o el el documental 'Titicout follies' (1967) de Frederick Wiseman, se logró pasar una de las páginas más negras de la historia de la psiquiatría. Porque esto no ocurría solo en Italia, sucedía iguamentel en todos los países desarrollados.

Los manicomios parecían gigantes y luego resultaron ser molinos, aunque fueron complicados de derribar durante el siglo pasado. Ahora, en pleno siglo XXI, queda todavía mucha lucha por delante para evitar la estigmatización pública de personas con enfermedades mentales.