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LA OMS NO LO CONSIDERA ENFERMEDAD PERO ALGUNOS JUECES SÍ

¿Es una enfermedad real la electrosensibilidad?

Aunque la OMS se niega a considerarla una enfermedad, algunos jueces han empezado a aceptarla como un motivo de discapacidad. ¿Qué es exactamente la electrosensibilidad y qué dicen los estudios más recientes?

Antenas

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La electrosensibilidad (o hipersensibilidad electromagnética) es un trastorno por el cual los pacientes dicen sentir malestar al exponerse a campos de radiación no ionizante como las ondas de los móviles o del wifi. Según la OMS, sin embargo, esta enfermedad no existe.

"En los dos últimos decenios se ha realizado un gran número de estudios para determinar si los teléfonos móviles pueden plantear riesgos para la salud. Hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud", declaró la entidad en octubre de 2014.

"En varios estudios se han investigado los efectos de los campos de radiofrecuencia en la actividad eléctrica cerebral, la función cognitiva, el sueño, el ritmo cardíaco y la presión arterial en voluntarios. Hasta la fecha, esos estudios parecen indicar que no hay pruebas fehacientes de que la exposición a campos de radiofrecuencia de nivel inferior a los que provocan el calentamiento de los tejidos tenga efectos perjudiciales para la salud".

"Además, tampoco se ha conseguido probar que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados por los propios pacientes, fenómeno conocido como hipersensibilidad electromagnética".

La comunidad científica se muestra de acuerdo en que la radiación no ionizante, en las intensidades a las que estamos expuestos, no puede alterar químicamente la materia. En otras palabras: las ondas de móvil o del wifi no pueden hacernos daño.

Con todo, parece obvio que muchas personas sufren por este trastorno, lo cual hace que los investigadores se pregunten si se trata de un trastorno psicológico o de uno físico cuyas causas son, por ahora, desconocidas.

Una posible explicación psicológica sería el efecto nocebo, fenómeno opuesto al placebo. El convencimiento de que algo es perjudicial para nuestra salud puede llegar a sugestionarnos de tal manera que acabemos enfermando realmente. ¿Es eso lo que le ocurre a los pacientes de hipersensibilidad electromagnética?

Los expertos se encojen de hombros; en los asuntos sanitarios manda siempre la cautela. La justicia, sin embargo, dicta sus propias normas. Algunos jueces han optado por creer al enfermo, aceptando que sufre realmente aunque la ciencia no sea capaz de precisar el motivo.

Es lo que hizo el Tribunal Superior de Justicia de Madrid hace ahora un año. Concedió una incapacidad permanente a un ingeniero de telecomunicaciones que tiempo antes había sido diagnosticado de depresión y ansiedad.

No es el único caso. En Francia, un juez concedió una discapacidad del 85% a una mujer que, en pleno juicio, perdió el conocimiento ante un montón de aparatos electrónicos. ¿Pero por qué no lo perdió antes? ¿Acaso no llevaban móviles todos los asistentes al juicio, acaso no había cobertura, acaso no había wifi en los juzgados?

Hace unas semanas se publicó un estudio que, a primera vista, parecía aportar nueva luz sobre este misterioso trastorno. Los investigadores habían realizado resonancias magnéticas al cerebro de diez pacientes que presentaban dolor de cabeza y temblores ante teléfonos móviles y emisores de wifi. En las imágenes resultantes, todos ellos presentaron una actividad cerebral que los autores del estudio tildaron de "anormal".

Los medios especializados, sin embargo, no le han dado la menor credibilidad. Los datos son parciales y sesgados (se desconoce, por ejemplo, si hubo un grupo control), pero lo más sospechoso, como remarca el blog dedicado al escepticismo neurocientífico de Discovery, es el hecho de que el estudio fuese pagado por los propios pacientes. "¿Qué beneficio obtuvieron por su dinero?", se pregunta el autor del post. Hasta el momento, no hay respuesta a eso. El misterio, por tanto, se mantiene.

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