Diferentes estudios han relacionado el consumo de carne roja con un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud como la diabetes, enfermedades cardiovasculares o algunos tipos de cáncer. Así lo advirtió la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2015 y la clasificó como un alimento “probablemente cancerígeno para los seres humanos”.

Debido a las posibles consecuencias negativas para el organismo, algunas guías sanitarias señalan la carne roja como una opción a evitar en las dietas y diferentes instituciones recomiendan su ingesta moderada. Aunque algunas voces tacharon la decisión de la OMS de exagerada, se aceptó, en general, la idea de que reducir su consumo era beneficioso para la salud.

Ahora, un controvertido estudio publicado esta semana pone en entredicho esta afirmación al sugerir que no existen pruebas científicas suficientes para asegurar que la temida carne roja suponga un perjuicio para el organismo ni para brindar consejos nutricionales al respecto.

El trabajo, una exhaustiva revisión de las evidencias llevada a cabo por un equipo internacional de investigadores, ha levantado la polémica entre la comunidad científica y sembrado la duda entre la población. ¿Tienen permiso los amantes de la carne para hartarse de filetes y chuletones?

Lo que realmente dice el estudio

Las llamadas revisiones sistemáticas de la literatura científica como esta tienen en cuenta todos los estudios disponibles sobre un asunto en concreto para abordar un tema desde una perspectiva lo más amplia posible.

Después de analizar todas las investigaciones publicadas sobre el tema, los autores de este reciente trabajo han llegado a la conclusión de que sus resultados no permiten esclarecer si la carne roja es o no perjudicial para la salud ni afirmar que reducir su consumo tiene beneficios para la salud.

Los investigadores no dicen que sea inocua, ni tampoco que nos perjudique. Simplemente, que las pruebas no permiten afirmar una cosa ni la otra y que, por tanto, no está justificado aconsejar a la población que disminuya su consumo.

No obstante, hay que tener en cuenta que siempre pueden existir sesgos en este tipo de análisis y que, por lo tanto, hay que tener en cuenta la metodología y otros factores para interpretar sus conclusiones.

La OMS ha incluido la carne procesada en la lista de productos potencialmente cancerígenos | Cyclonebill I Flickr

Los autores de otros análisis similares han optado por la prevención. Las evidencias sí indican que es probable que la carne roja (sobre todo la procesada) produzca efectos negativos en el organismo. Como existen alternativas a este alimento que no acarrean los mismos riesgos, han aconsejado incluir esas otras opciones en la dieta.

Las críticas

Algunos expertos, incluidos investigadores de la Universidad de Harvard, critican la metodología aplicada en el trabajo más reciente y lo tachan de irresponsable. Advierten que contradice las evidencias que asocian el consumo de carne roja con la aparición de ciertas enfermedades y que sus afirmaciones pueden poner en peligro la salud de la población.

Pero puede que no lleguemos nunca a saber con total seguridad si comer carne roja provoca cáncer o problemas cardiovasculares. Como ocurre en muchos otros casos, los estudios sobre nutrición no siempre arrojan resultados del tipo blanco o negro. Para obtener una respuesta definitiva, habría que llevar a cabo estudios en miles de personas que deberían consumirla o no consumirla durante décadas. Una idea que no parece ni factible ni ética.

Mientras tanto, la conclusión que podría extraerse, tanto del más reciente como de anteriores estudios sobre la carne roja (y otros alimentos), es que lo mejor que podemos hacer es llevar una dieta suficientemente variada. Y si estás preocupado por tu salud, acude a un profesional médico para que te asesore sobre los hábitos de vida que más te convienen.