El esqueleto humano sostiene y protege al cuerpo y a sus partes más vulnerables. La estructura ósea está en constante transformación: cambia su dureza, crece la densidad, pero también se altera la cantidad de los huesos. Pero, ¿por qué?

El tejido óseo está en continua evolución desde que nacemos hasta que terminamos de desarrollarnos. La densidad de los huesos va aumentando con el tiempo, fortaleciéndolos, hasta que alcanza su máximo entre los 25 y los 30 años. Al nacer tenemos más huesos que nunca. Según crecemos en tamaño y edad, decrece el número de nuestros huesos, dejándonos con casi la mitad. En este vídeo te contamos detalladamente a qué se debe esto.

Por cierto, ¿conoces la manera en que se forman los huesos? Cuando somos embriones dentro del útero, los cartílagos son los que sostienen el cuerpo humano. Los huesos se generan a partir de estos ya que sobre ellos se van asentando calcio y otras sales, que les dan solidez y así se transforman en hueso.

Este proceso se llama osificación, y la hay de dos tipos: La mayoría de los huesos se forman mediante la osificación intracartilaginosa, en la cual estos se transforman a partir del cartílago. El segundo tipo de osificación es la intramembranosa, que produce huesos planos, como los del cráneo.

El hueso que se forma tras ambas osificaciones es el mismo. La diferencia es el proceso en sí. El primer hueso que se forma es el entretejido o inmaduro. Este es temporal. Luego es sustituido por el hueso esponjoso que, a su vez, puede transformarse en hueso compacto.

¿Sabías, además, que cada seis meses aproximadamente, todos los tejidos óseos del esqueleto se renuevan? No sólo lo hacen cuando han sufrido una fractura. Sino que lo hacen a lo largo de toda la vida.

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