El cuello tiene ocho huesos y doce músculos. Cada miércoles esa parte de nuestro cuerpo es sometida a una prueba de esfuerzo por parte de sus señorías al principio de la sesión de control al Gobierno. Los populares mueven el suyo con Casado. Los socialistas hacen lo propio cada vez que habla Sánchez, los de Vox con Abascal.

Son coreografías segmentadas, perfectamente milimetradas cada vez que les enfoca una cámara. Algunos asienten con más energía, como Teodoro García Egea, y niegan cuando habla el contrario. A veces los acompañan con miradas.

Es un test de estrés que dura un ratito. El del principio, cuando los líderes sacan pecho en un par de intervenciones con el presidente del Gobierno y éste nos concede a todos el honor de su presencia. Es un juego de egos y de tronos. Cuando las tertulias de la radio y la televisión escuchan. Luego ellos se largarán y los cuellos se relajarán. Y salen los suplentes, hartos de chupar banquillo, a lucirse ante el míster, aunque este se haya largado del hemiciclo.

El de este miércoles era el primer encuentro del año entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. Yo no había reparado en este detalle pero ha sido el señor Casado, al abrir fuego, cuando me lo ha recordado al felicitar el año a Sánchez un 16 de febrero. Cuando les he escuchado discutir sobre la renovación del Consejo general del Poder Judicial, he sabido que poca chicha iba a sacar de ahí.

Abascal, sacando más pecho que nunca, se ha mofado de los "semáforos de colorines" y las matemáticas con perspectiva de género, frente a las verdaderas preocupaciones de los españoles, que son la factura de la luz y si mañana podrán levantar la persiana de sus negocios. Yo creo que los españoles estamos capacitados para hacer compatibles las preocupaciones del líder de Vox y otras muchas. Pero qué sabré yo, si nunca me he presentado a unas elecciones.

Sánchez (que tenía muy mala cara) ha respondido a su burla recordándole la detención este mismo miércoles de un hombre de 22 años por el asesinato de una niña de 14 años en Alcalá La Real (Jaén). Peca casi siempre de condescendencia el presidente cuando contesta, aunque no tanto como la que desplegó hoy con Gabriel Rufián, que sigue empeñado en hablar intentando hacer gracia y con escasa sutileza a la hora de encajar titulares. Hoy le tocó el turno a Ana Patricia Botín. Conviene renovar los demonios, diputado, porque envejecen fatal.

Semidesnatada fue la contienda entre Teodoro García Egea y Yolanda Díaz. La ministra de Trabajo no parece haberse recuperado del desgaste de la reforma laboral y dejó que fuera el popular el que hablara. En la cabeza del secretario general del PP sonaba espectacular hablar del efecto Yolanda Díaz y consideró un hallazgo explicarnos que los españoles tenemos un sueldo híbrido: "mitad pa pagar la gasolina y mitad pa pagar la luz". Es mejorable, aunque al final sea lo que recojamos "los antaño llamados periodistas", como nos denominó Javier Ortega Smith. Un abrazo para todos.

Pero decía que lo interesante siempre queda al final. Este miércoles hemos escuchado el nombre de Pablo Iglesias. Sonó a las 12:12 de la mañana. A una diputada de Vox diciéndole al ministro Grande-Marlaska que "su jefe es ETA" y que "perdonar a los terroristas es cosa de Dios", lamentar la sangre derramada por España y citando a San Agustín de Hipona y la virgen de la Merced. Qué compañeros de viaje tan curiosos nos regala la santa madre Iglesia. Qué fácil es perder la afición.

También hemos escuchado a una diputada del PP enfadada a más no poder con el ministro del Interior, acusándole de monitorizar a los españoles, entregarse a ETA y no hacer nada por las bandas latinas. Terminó su intervención haciéndole un homenaje a Emma Penella en 'Aquí no hay quien viva': "Váyase señor Marlaska, váyase". País.