Sin embargo, la investigación científica está desmontando esa visión reducida. El neurocientífico Michael Hornberger, autor del libro 'Enredados. Qué es el Alzheimer y qué podemos hacer para frenarlo', insiste en que la enfermedad es mucho más compleja y que sus primeras señales pueden manifestarse en ámbitos que nada tienen que ver con los olvidos.
Síntomas
En su conversación con Infosalus, lo resume con claridad al afirmar "Sí, estamos simplificando demasiado los síntomas del Alzheimer. La mayor parte de estos pacientes tienen problemas de memoria, pero también pueden experimentar cambios en la orientación espacial, en el comportamiento, en la toma de decisiones, o en las funciones visoespaciales. La percepción social es menos común en la enfermedad de Alzheimer, pero es un síntoma muy frecuente en otro tipo de demencia: la demencia frontotemporal". Hornberger explica que estos cambios iniciales pueden ser sutiles y, por ello, difíciles de identificar. Una persona que empieza a desorientarse en trayectos habituales, que toma decisiones impulsivas o que muestra alteraciones en su conducta puede no relacionar estos comportamientos con un proceso neurodegenerativo. A menudo, ni siquiera su entorno lo hace. Esta falta de reconocimiento temprano retrasa el diagnóstico y, con ello, la posibilidad de intervenir antes de que el deterioro avance. El investigador recuerda que la ciencia está avanzando hacia una comprensión más amplia del Alzheimer, en la que los síntomas cognitivos clásicos conviven con otros que afectan a la percepción, la conducta o la capacidad de interpretar el entorno.
El especialista también subraya que la incidencia de la enfermedad seguirá aumentando en los próximos años, impulsada principalmente por el envejecimiento de la población. En sus palabras, "La edad sigue siendo el mayor factor de riesgo de demencia. Por lo tanto, el envejecimiento de la población es una de las razones clave del creciente número de personas con enfermedad de Alzheimer". Esta realidad demográfica obliga a reforzar la prevención y a promover hábitos de vida que reduzcan el riesgo. Hornberger recuerda que, aunque existen factores inmutables como la genética o la edad, otros dependen directamente del estilo de vida. Mantener una buena salud cardiovascular, evitar el tabaco, seguir una dieta equilibrada, dormir adecuadamente y conservar un peso saludable son medidas que pueden retrasar la aparición de la enfermedad o disminuir su probabilidad.
Avance científico
Los avances científicos están abriendo nuevas vías para detectar el Alzheimer mucho antes de que aparezcan los síntomas más evidentes. El desarrollo de biomarcadores y análisis de sangre capaces de identificar la patología en fases preclínicas está transformando el enfoque del diagnóstico. Hornberger destaca que estos progresos permiten anticiparse al deterioro cognitivo y plantear intervenciones más tempranas, lo que podría cambiar el curso de la enfermedad en el futuro. Paralelamente, los nuevos tratamientos que están empezando a llegar muestran que es posible ralentizar la progresión del Alzheimer, un avance que hace apenas unos años parecía inalcanzable.
El investigador insiste en que el futuro del Alzheimer pasa por una combinación de prevención, detección precoz y terapias capaces de actuar antes de que el daño neuronal sea irreversible. La ciencia, afirma, está entrando en una etapa en la que comprender los matices de la enfermedad será tan importante como tratarla. Esto implica dejar atrás la idea de que todo empieza con la memoria y asumir que el Alzheimer es un proceso complejo que afecta a múltiples funciones del cerebro. Reconocer esa diversidad de síntomas no solo mejora el diagnóstico, sino que también ayuda a las familias y a los profesionales a entender mejor lo que ocurre y a acompañar de forma más eficaz a quienes lo padecen.