Según el estudio publicado en Stem Cell Reports, la glicirricina; un compuesto natural presente en el regaliz negro, ha demostrado una capacidad asombrosa para prevenir la muerte celular y reducir la inflamación crónica de la pared intestinal. Para llegar a este hallazgo, los científicos desarrollaron un "intestino de laboratorio" que imitaba las condiciones de la enfermedad. Tras analizar 3.500 compuestos, la glicirricina destacó por su eficacia al bloquear la proteína inflamatoria que destruye las células del intestino.
Los resultados positivos también se replicaron en modelos animales, donde el compuesto no solo frenó el daño celular, sino que alivió significativamente la inflamación. Este avance posiciona a la glicirricina como un candidato sólido para futuras terapias en humanos, ofreciendo una alternativa a quienes no responden a los fármacos convencionales.
El reto de la dosis y la precaución clínica
A pesar del optimismo que despierta este descubrimiento, los expertos piden cautela. Aunque la glicirricina provenga del regaliz, esto no significa que el consumo de regaliz comercial sea una solución inmediata para los pacientes. Un exceso de esta sustancia puede provocar efectos secundarios importantes, como el aumento de la presión arterial. Por ello, el objetivo de la investigación es aislar y estandarizar el compuesto para su uso médico seguro, garantizando que los beneficios terapéuticos no se vean empañados por complicaciones cardiovasculares.
Este estudio no solo pone el foco en el regaliz, sino que valida el uso de células madre como una plataforma revolucionaria para el descubrimiento de fármacos. Gracias a estos modelos de alta precisión, se pueden testar miles de sustancias en tejidos humanos reales antes de pasar a los ensayos clínicos, acortando tiempos y mejorando la seguridad. La ciencia abre así una nueva vía para que los pacientes con EII puedan, en un futuro cercano, recuperar una calidad de vida que hoy se ve mermada por el dolor abdominal, la fatiga y la inflamación persistente.