El incremento acelerado en el número de contagios, la propagación a través de las fronteras y las importantes incertidumbres científicas sobre la magnitud real de la epidemia han obligado a activar este nivel de alerta, aunque las autoridades matizan que, por el momento, la situación no cumple con los criterios técnicos para ser considerada una emergencia pandémica.

Hasta la fecha, el balance en la provincia congoleña de Ituri; epicentro de este decimoséptimo brote en el país, registra 8 casos confirmados, 246 sospechosos y un total de 80 fallecimientos presuntamente asociados a la enfermedad, incluyendo la muerte de cuatro trabajadores sanitarios. La preocupación se ha disparado tras detectarse casos en grandes núcleos urbanos, como la capital congoleña de Kinshasa y la capital ugandesa de Kampala, esta última con dos contagios confirmados en viajeros procedentes de la zona afectada y sin un vínculo epidemiológico aparente entre sí.

Mecanismos de un virus de alto riesgo

El ébola es un virus de origen animal cuyo hospedador natural son determinadas especies de murciélagos. La transmisión humana se produce exclusivamente por contacto directo con los fluidos corporales de una persona enferma o fallecida, o a través de superficies y objetos contaminados, descartándose el riesgo de contagio mientras el paciente no desarrolle síntomas. Tras un periodo de incubación que oscila entre los 2 y los 21 días, la enfermedad se manifiesta de forma repentina con fiebre, cansancio severo, dolores musculares y de cabeza. En fases más avanzadas, el cuadro clínico empeora con vómitos, diarrea, deterioro hepático y renal, y las características hemorragias internas y externas.

Una de las particularidades más complejas de este patógeno, según advierte la evidencia científica, es su capacidad de persistencia biológica. El virus puede permanecer latente en zonas del organismo como los testículos, el interior de los ojos y el cerebro de personas ya recuperadas. Asimismo, puede persistir en la placenta, el líquido amniótico y la leche materna de mujeres gestantes, habiéndose documentado casos de transmisión por vía sexual a través del esperma hasta quince semanas después de la curación clínica del paciente.

Contención, vacunas y el recuerdo de 2014

A diferencia de la devastadora epidemia que sacudió África Occidental entre 2014 y 2016 y que se cobró más de 11.000 vidas, la respuesta médica actual cuenta con herramientas diagnósticas y terapéuticas mucho más avanzadas. Las pruebas PCR de respuesta rápida y, sobre todo, el desarrollo de dos vacunas eficaces junto con nuevos fármacos antivirales han logrado reducir drásticamente la histórica tasa de letalidad del virus, que llegó a situarse en el 90%.

A pesar de estas ventajas científicas, la OMS insiste en que el éxito de la contención en este nuevo brote depende por completo de la intervención comunitaria y del blindaje de los países vecinos. Debido a la altísima movilidad de la población por motivos comerciales y a los desafíos humanitarios de la región, resulta prioritario agilizar el rastreo de contactos, garantizar el aislamiento estricto de los enfermos, dotar de equipos de protección personal a los sanitarios y realizar inhumaciones seguras y dignas para cortar de raíz la cadena de transmisión de la enfermedad.