Takamura Kōtarō

Edición de: Kayoko Takagi

Traducción: Kayoko Takagi y Daniel Sastre

Editorial: Satori

Año de publicación original: 2026

Dejadme que empiece esta reseña aportando un poco de contexto histórico. Japón ha estado siempre muy lejos cultural y espacialmente hablando de España y para la mayoría entender sus corrientes estilísticas no es sencillo.

El período Edo en Japón representa los años de aislamiento y feudalismo. Abarca desde 1600 hasta el último tercio del siglo XIX. A partir de 1870 comienza el llamado período Meiji, momento en el que el país del sol naciente se empezaba a abrir a un occidente y a una industrialización que parecía imparable. En ese momento, Kōun Takamura se mantenía como un escultor clásico, que trabajaba la madera para hacer imágenes budistas.

En su taller, una corte de aprendices loaban su trabajo y copiaban sus formas. Pero su hijo, con más dotes que nadie para la escultura, soñaba con ir más allá. Kōtarō convenció a su padre y viajó a Nueva York en 1906, donde se abrió a las nuevas corrientes estilísticas. En 1907 viajó a Londres y de allí a París, donde conoció el trabajo de Rodin, pero también la poesía de Rimbaud y Baudelaire.

Kōtarō Takamura, o como se diría en japonés donde ponen el apellido por delante, Takamura Kōtarō, volvió a Japón entendiendo algo aparentemente muy sencillo, pero que en realidad era muy complicado de asimilar en aquella época: que el destino de uno no está escrito, que no tienes por qué seguir el camino que te marca tu padre. Que la vida está llena de poesía y que la belleza no es una consecuencia, sino una obligación, un objetivo que ir a buscar.

En Japón se hace camino al andar

A partir de 1908 Takamura Kōtarō decide emprender su propio camino. Primero cortando con todo lo anterior. Saliendo de los circuitos clásicos de escultores, empezando a escribir poesía y crítica de arte con un estilo moderno y diferente. Y en 1914 lo pone negro sobre blanco en un poema clave en su carrera: El camino.

"no camino por una vereda que me lleve a un destino / ante mí, no hay camino / detrás, aparece camino / las huellas de mis pisadas lo crean". Así comienza este poema que desarrolla la misma idea que tan solo dos años antes plasmó Antonio Machado en 'Proverbios y cantares', un poema de sus 'Campos de Castilla', publicado originalmente en 1912.

"Caminante, son tus huellas / el camino, y nada más; / caminante, no hay camino: / se hace camino al andar".

Machado también vivió en París, pero lo hizo antes y después del paso de Kōtarō por la capital francesa y no parece que haya nexos en común. O dicho de otro modo, al otro lado del mundo había un escritor japonés entendiendo lo mismo que entendió Machado: que la vida es un viaje abierto, sin definir y en el que solo nuestras decisiones pueden darle forma.

Más de cien años después, ambos poemas son clave en la literatura de sus respectivos países. En Japón, los niños aprenden en la escuela los versos de El camino de Kōtarō Takamura. Exactamente igual que Campos de Castilla y la figura de Machado son para nosotros una de las piedras esenciales en las que apoyamos nuestra literatura.

El poeta del amor y la belleza

¿Pero qué hace de Kōtarō Takamura un escritor tan esencial? Lo principal para los japoneses es que su obra supone un cambio, el salto de la tradición más estricta a la modernidad. Sus amplias influencias y la importancia y el peso que tuvo siempre su padre le hizo escribir a caballo entre dos corrientes.

Así, el poema de 'El camino' se cierra con estos versos: "¡ay, Padre! / padre que me hizo hombre / no apartes la vista de mí y protégeme / lléname con tu espíritu / para este largo camino". Un año antes, en el poema 'Desolación', Kōtarō decía "debo correr a algún lugar / pero no veo a dónde / debo hacer algo / pero no encuentro qué". No era capaz de romper con la tradición, pero tampoco de quedarse en ella cómodamente.

Conocer a su esposa, Chieko, pintora, marcó para siempre su producción poética

El camino que encontró fue el de abrir los ojos y encontrar la belleza que le rodeaba. Conocer a su esposa, Chieko, pintora, marcó para siempre su producción poética. Profundamente enamorado, dedicaron su vida a la producción artística, descuidando su economía y su salud. Chieko padecía una esquizofrenia severa y sus alucinaciones y su repentina muerte sumieron a Kōtarō Takamura en un profundo dolor del que fueron testigos sus poemas.

"Chieko se va a lugares inaccesibles, / y hace lo irrealizable". "Oigo que su voz me llama repetidamente, / pero ella ya no tiene billete para este mundo humano", dice en el poema 'Chieko incalculable'. Su enfermedad, sus breves momentos de lucidez, fueron para el poeta faros en su ánimo. El breve poema Elegía del limón, en el que describe cómo en su lecho de muerte, el sabor amargo de un limón consiguió traer de nuevo a Chieko a este mundo, es de una belleza y una ternura indescriptibles.

Ensayos

Más allá de su producción literaria y las esculturas que produjo a lo largo de su carrera, Takamura Kōtarō escribió varios ensayos clave en la literatura japonesa. Un sol verde, por ejemplo, escrito a su regreso de Europa, en 1908, es el texto fundacional del arte moderno japonés, donde defiende la libertad del creador para interpretar la obra según sus dictados, escapando de la norma y los dogmas predominantes hasta el momento.

Su ensayo La vida de Chieko recoge la historia de su mujer y el profundo amor que los unió. Un texto de una enorme belleza y ternura donde el poeta le canta a la pureza del alma de su mujer. Una historia tan emotiva que ha sido llevada al cine en Japón en diferentes ocasiones.

La editorial Satori ofrece una puerta a la obra de un autor único y esencial para entender la literatura japonesa

El poema y yo, por contra, define con claridad cómo la poesía es una extensión de su propio ser. Es decir, la manera esencial que tenía su alma para expresarse; un alma poética sin límites, como se titula una selección de obras selectas publicada en Japón en 1981 y que ahora, la editorial Satori, ha replicado en este libro que es una puerta a la obra de un autor único y esencial para entender la literatura de aquel país.

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