Nada Itrab y Neus Sala

Editorial: Ediciones B

Año de publicación original: 2026

Yo soy Nada reconstruye la historia real de una niña de nueve años que, tras llegar a España en 2013 desde Marruecos con su familia en busca de una vida mejor, es engañada por un vecino, que se gana su confianza y la de sus padres.

'Yo soy Nada' ofrece una visión completa del caso, tanto del sufrimiento de Nada como del rescate la policial

Bajo la promesa de unas vacaciones para la niña y una oportunidad económica en forma de joyas para la familia, el hombre la secuestra y se la lleva a Bolivia, donde la menor queda completamente aislada. Allí comienza una etapa marcada por abusos, explotación y control extremo en plena selva.

Esta novela está narrada a dos voces: mientras Nada Itrab relata sus propias vivencias, la periodista Neus Sala reconstruye el caso que se vivió en España. Una complicada investigación policial que se inició tras la denuncia de los padres de la niña y que se enfrentó a numerosos obstáculos. De esta manera, Yo soy Nada ofrece una visión completa del caso, tanto del sufrimiento de Nada como de la investigación y el rescate que realizó la policía.

Una infancia difícil

La familia de Nada llegó de forma ilegal a España, con la esperanza de un futuro mejor. Sin embargo su situación acabó siendo peor que la que vivían en Marruecos. Más allá de los hechos, la novela reflexiona sobre cómo la pobreza, la migración y la falta de recursos convierten a los menores en objetivos fáciles para los oportunistas.

Yo soy Nada no solo cuenta un suceso trágico y una investigación policial, sino que reflexiona sobre muchos aspectos de nuestro día a día como la incidencia que tiene en las vidas de los más necesitados factores como la educación, la religión o la justicia.

La educación se puede convertir en un refugio emocional para muchos niños en situaciones precarias

Por ejemplo, a pesar de todo lo que le tocó vivir, Nada seguía aferrándose a lo que más le gustaba, aprender. En la selva, en los pocos ratos libres que tenía, escribía y repasaba idiomas gracias al cuaderno que pudo llevarse de su casa. Porque la educación se puede convertir en un refugio emocional para muchos niños en situaciones precarias, y para Nada la escuela es un espacio de protección y tranquilidad.

Por su parte, la religión está también muy presente en esta historia. El agresor de la niña forma parte de la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal. Una congregación religiosa fundada en 1968 que combina dogmas católicos y protestantes con ritos y creencias incas.

De ahí viene la obsesión del abusador por casarse con una menor virgen. No es solo un individuo actuando al margen de la ley, sino alguien respaldado por una ideología que normaliza prácticas profundamente violentas.

Burocracia, política y azar

Pero no solo hay denuncia en la historia de Nada. Desde España, Neus es testigo de cómo, durante la investigación, la justicia se ve ralentizada una y otra vez por la burocracia. Los tiempos legales, los festivos y la falta de coordinación dificultaron el avance del caso para rescatar a Nada.

Por si fuera poco, su situación ilegal en España complicó aún más la intervención y la familia no solo se tuvo que enfrentar al drama, sino que constantemente se chocaron con los prejuicios que habitualmente tienen que soportar muchas familias migrantes en nuestro país.

El caso recayó en profesionales que, movidos por la empatía, impulsaron decisiones fundamentales para la investigación

El contexto político tampoco ayudó. El secuestro ocurrió durante el mandato del popular Mariano Rajoy como presidente del gobierno en España, mientras que en Bolivia, el país estaba liderado por el socialista Evo Morales. De esta manera, las decisiones institucionales no favorecieron en ningún momento una respuesta rápida.

Frente a todas estas adversidades, Yo soy Nada destaca el papel clave que jugaron algunas personas, dotadas de una enorme humanidad. El caso recayó en profesionales que, movidos por la empatía, impulsaron decisiones fundamentales para que avanzara la investigación.

La normalización del maltrato

Uno de los aspectos más duros de esta historia es comprobar cómo la violencia se presenta como algo cotidiano en Bolivia. El libro muestra diferentes formas de maltrato —físico, psicológico y sexual— y cómo muchas de ellas están socialmente aceptadas en determinados entornos. En algunas zonas rurales del país, el castigo físico o el trabajo infantil forman parte del día a día, invisibilizando situaciones extremas.

Nada narra momentos especialmente impactantes en los que otras personas presenciaron los abusos que soportó y no intervinieron. Esta indiferencia social refleja un problema estructural, donde la falta de educación, recursos y protección institucional perpetúa la violencia. Muchos niños y niñas viven situaciones similares sin posibilidad de escapar.

Una denuncia necesaria

Uno de los mayores aciertos de Yo soy Nada es su estructura a dos voces. Por un lado, Nada Itrab ofrece un relato íntimo y emocional de una situación terriblemente traumática. Por otro, Neus Sala organiza los hechos de la investigación desde una mirada más analítica y detallada. Esta combinación permite que el lector no solo empatice con la experiencia de Nada, sino también comprender el contexto social, policial y legal que rodea el caso.

El libro plantea una pregunta atroz: ¿cuántos casos como este siguen ocurriendo sin que nadie llegue a tiempo?

Así, el modo en el que conecta esta experiencia personal con problemas globales como la vulnerabilidad de los menores migrantes, la explotación infantil y las limitaciones del sistema judicial, hace que este libro pese en la conciencia de quien lo lea.

Por eso, Yo soy Nada es una obra incómoda pero imprescindible, una lectura que obliga a mirar de frente realidades que a menudo se ignoran y que plantea una pregunta atroz: ¿cuántos casos como este siguen ocurriendo sin que nadie llegue a tiempo?

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