
Andy Weir
Traductor: Javier Guerrero Gimeno
Editorial: Nova
Año de publicación original: 2021
Hay un momento, en mitad de Proyecto Hail Mary, en el que todo cambia. No es una explosión, ni un giro tramposo, ni uno de esos golpes de efecto que buscan dejarte sin aliento. Es algo más sencillo —y no es un spoiler, a no ser que viváis en una cueva porque en los tráileres de la película que adapta la novela se cuenta—.
Alguien —o algo— responde. Y en ese instante, Andy Weir deja de escribir una novela de supervivencia en el espacio para hacer algo bastante más ambicioso: imaginar cómo sería, de verdad, no estar solos.
Amnesia espacial
La premisa, de entrada, juega en terreno conocido. Ryland Grace despierta en una nave espacial sin recordar quién es ni qué hace allí. A su lado, dos compañeros muertos. Frente a él, una misión imposible: encontrar la forma de salvar la Tierra de un fenómeno que está apagando el Sol.
A medida que recupera la memoria, nosotros como lectores reconstruimos con él las piezas de un plan desesperado en el que la ciencia es la única herramienta posible.
Hasta aquí, Weir se mueve en coordenadas similares a su otro gran exitazo: El marciano. A saber: aislamiento, problemas técnicos, soluciones ingeniosas. Pero sería un error pensar que Proyecto Hail Mary es una repetición de aquella fórmula. Porque aquí hay un cambio de escala emocional y narrativa. Si en su debut el conflicto era sobrevivir, en esta novela el reto es entender.
Comprender al otro
Y ahí entra en juego uno de los grandísimos aciertos del libro. Su forma de abordar el contacto. Lejos de la invasión o del espectáculo, Weir opta por algo mucho más interesante —y más difícil—: la comunicación.
La premisa es una misión imposible: encontrar la forma de salvar la Tierra de un fenómeno que está apagando el Sol
Cómo dos inteligencias radicalmente distintas pueden encontrarse en mitad del vacío y, en lugar de destruirse o ignorarse, decidir colaborar.
El propio autor ha explicado en varias entrevistas que su fascinación por la ciencia ficción siempre ha estado ligada a la resolución de problemas. No tanto a los grandes discursos, sino a la idea de enfrentarse a lo desconocido con lógica, curiosidad y método. Y eso se nota en cada página. Cada avance, cada descubrimiento, cada pequeño paso adelante está construido desde la coherencia científica.
Hacer fácil lo difícil
Weir vuelve a hacer en esta novela lo que mejor sabe: convertir conceptos complejos en una narrativa muy asequible, fácil. Física, química, biología... todo entra en juego. Pero no alardea de conocimientos, no se exhibe. Los utiliza como una herramienta.
No necesitamos tener conocimientos de estas ciencias para seguir la historia pero, en todo momento sentimos que todo lo que ocurre podría, de alguna forma, ocurrir realmente. Es una verosimilitud clave para que la novela funcione como lo hace.
Andy Weir vuelve a hacer en esta novela lo que mejor sabe: convertir conceptos complejos en una narrativa muy asequible
Pero donde más me ha sorprendido Proyecto Hail Mary es en su dimensión emocional. Weir ha reconocido en más de una ocasión que uno de sus puntos débiles como escritor son las emociones de los personajes, que siempre le ha resultado más fácil construir tramas que profundidades psicológicas. Y quizá por eso, el trabajo que hace aquí con Ryland Grace tiene mucho de reivindicación.
Grace no es un héroe al uso. Es un profesor —y científico— brillante, sí, pero también alguien que duda, que se equivoca, que toma decisiones desde el miedo tanto como desde la razón. Esa humanidad imperfecta nos lo acerca como lectores y le da mucho más peso a la historia.
Y luego está ese otro personaje que aparece en la novela y que redefine por completo la lectura. Su relación con Grace introduce una dimensión inesperada. La de una amistad construida desde cero, desde la diferencia absoluta, y que termina siendo el verdadero corazón del libro.
Bestseller
Es momento de hablar del impacto que Proyecto Hail Mary tuvo en el momento en el que se publicó. Esta novela de 2021 no se quedó solo en la buena acogida de la crítica. Esta obra se convirtió rápidamente en un exitazo de ventas, permaneciendo durante meses en las listas de lo más vendido del The New York Times y consolidó a Weir como uno de los nombres clave de la ciencia ficción contemporánea.
Weir ha propuesto algo casi contracultural. Es una historia que confía en la inteligencia y en la cooperación
Y claro, a todo esto hay que sumar que el cine se ha fijado poderosamente en la obra de Weir. Primero con la adaptación de El marciano que protagonizó Matt Damon. Y ahora con Proyecto salvación, con Ryan Gosling en la piel de Ryland Grace. La crítica ya la ha puesto como una de las mejores obras de ciencia ficción de los últimos años.
Pero más allá de que el cine se haya apoderado de esta novela, lo interesante para nosotros es entender por qué funciona tan bien. Mucha culpa la tiene el momento que vivimos dominado por distopías y relatos pesimistas. Weir ha propuesto algo casi contracultural. Es una historia que confía en la inteligencia, en la cooperación y en la posibilidad de entender al otro.
Sci-fi amable
Ojo. Eso no significa que la novela sea ingenua. Hay tensión, hay riesgo, hay momentos en los que todo parece perdido. Pero incluso en esos momentos, la solución no pasa por la fuerza, sino por el conocimiento compartido. Por la capacidad de escuchar, de aprender, de adaptarse.
Y quizá ahí radica la clave de Proyecto Hail Mary. No en su premisa ni en su despliegue científico, sino en su fondo profundamente humano. En la idea de que, incluso en el rincón más remoto del universo, lo que nos salva no es solo lo que sabemos, sino lo que somos capaces de construir con otros. Weir ha encontrado una de las historias más luminosas de la ciencia ficción reciente.
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