
Editorial: Astiberri
Fecha de publicación: 2026
"El sexo es una conversación" es la conclusión a la que llega la versión cómic de Angie de la Lama después de explorar su vida a salto de mata sexual. Este no es un libro sobre divulgación, aunque a veces se le parezca; tampoco es un ensayo aunque Virginie Despentes o Paul B. Preciado hagan acto de presencia y expliquen cosas tremendamente interesantes; ni siquiera se trata de una biografía, aunque de serlo, sería una centrada en un único tema.
'Yo, promiscua' explora fetiches, traumas e historias que han definido a su autora dentro y fuera de la cama
La ilustradora sevillana expone a lo largo y ancho de Yo, promiscua fetiches, traumas e historias que la han definido dentro y fuera de la cama. Explora la identidad o el deseo con la honestidad brutal de un fanzine, territorio más que conocido para la autora, quien lleva años en el mundo de la autoedición y da el paso ahora de la mano de Astiberri hacia el mundo editorial.
Aprendiendo el sexo
Nos pasamos toda la adolescencia preocupados por el sexo y la mitad de nuestra vida, parafraseando a Alba Farelo, aprendiéndolo. De esa conversación que mencionábamos antes, surgen casi siempre más dudas que certezas y algunas resultan casi inexplicables, la mayoría relacionadas con nuestro deseo.
Nos pasamos toda la adolescencia preocupados por el sexo y la mitad de nuestra vida aprendiéndolo
Angie de la Lama estudió en un colegio de monjas y este dato no pasa desapercibido. El ambiente no era el más proclive a que la experimentación o las dudas se resolviesen de la mejor forma posible. Su autora explica aquí cosas que podrían ser contenido de diván, pero que la ilustradora convierte en algo más ameno, aunque sin renunciar a darle la importancia que requiere a lo que se cuenta, haciendo de este cómic un ejercicio de honestidad brutal.
Quien lo escribe lo hace con las lecciones aprendidas de todos los tumbos dados previamente: las parejas abusivas, los exnovios insufribles y las relaciones que rozaban o estuvieron marcadas directamente en el maltrato. Lo que cuenta Angie es el resultado directo de ser una persona queer y joven en un ambiente opresivo, plagado de insultos y vejaciones entre sus propios compañeros.
Porque además de sexo, aquí se habla de bullying, del slutshaming, aquel acoso que se practica sobre las personas sexualmente activas, recibiendo insultos solo por disfrutar de lo que quieren. Se trata la homofobia y se dan muchas vueltas antes de llegar a una conclusión que, lejos de hacer spoiler, les adelantamos ya aquí: no hay fórmulas mágicas, hagan y deshagan a su antojo, no pisen a nadie y disfruten del proceso.
Yo, promiscua
Donde unos verán un exceso de sinceridad, otras reconocerán algo más parecido a la vida que lo que nos contaban en las clases de educación sexual, o mejor dicho todo lo que se omitía. Porque cuando tu primer novio te recuerda lo gorda que estás, o lo fea que eres, te fuerza a tener relaciones sexuales o manipula hasta la extenuación, lo más seguro es que no encuentres historias en los libros que te hagan querer salir de un círculo que como adulto regresará una y otra vez.
Un relato directo y útil, uno en el que la promiscuidad no es insulto ni excusa, sino un camino personal
Lo que Yo, promiscua trata de hacer es precisamente eso, convertirse en un relato directo y útil, uno en el que la promiscuidad no es insulto ni excusa, sino un camino personal para alcanzar la felicidad plena, la seguridad de que uno no va dando bandazos y que se acerca cada vez más a ser dueño de lo que realmente quiere. Nada realmente sencillo.
En España quizás vamos unos pasos por detrás. En el mundo anglosajón, otro libro, The ethical slut (Ética promiscua. Dossie Easton y Janet W. Hardy), ya ha ilustrado a varias generaciones sobre una propuesta de vida en la que las relaciones sexuales no determinan ni nuestra valía ni nuestra brújula moral.
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