David McCloskey

Traducción: Jofre Homedes Beutnagel

Editorial: Salamandra

Año de publicación original: 2024

Artemis Aphrodite Procter sabe que algo va mal cuando su mejor agente, Sam Joseph, desaparece en Singapur. Ella es una jefe de equipo de la CIA, con más de 20 años de experiencia y unos métodos de trabajo, como poco originales —por no decir abiertamente irresponsables— pero una altísima efectividad.

Artemis Aphrodite Procter sabe que algo va mal cuando su mejor agente, Sam Joseph, desaparece en Singapur

Tras décadas de dedicación a la agencia, Artemis ha conseguido ganarse el respeto de los de abajo y un montón de enemigos por arriba. Por eso espera un buen rapapolvo tras el fracaso de la operación de Singapur. Allí, Joseph trataba de establecer contacto con un coronel ruso dispuesto a revelarles un secreto mayúsculo.

Pero alguien se anticipó. Tras una breve conversación en una mesa de un casino de Singapur, Joseph citó al coronel en una habitación de hotel, pero jamás apareció. Sí lo hicieron en cambio dos agentes de la inteligencia rusa, con muchas ganas de saber de qué habían hablado en su breve encuentro y muy poquita consideración por la salud y el bienestar del estadounidense.

Desde entonces nadie sabe nada de Samuel Joseph.

Hay un topo en Langley

El fracaso de esta operación, la desaparición posterior de Samuel Joseph y la muerte de un importante informador del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, levanta ampollas entre los dirigentes de la agencia.

Artemis sospecha algo terrible: que se haya colado un topo en la séptima planta de Langley, la central de la CIA

Pero mientras ellos lo achacan a la ineptitud de sus agentes y responsables, Artemis y algún que otro veterano en mil batallas sospechan de la presencia de algo terrible: que se haya colado un topo en la séptima planta de Langley, la central de la CIA.

Un miedo que crecerá cuando las personas que defienden esa tesis son sistemáticamente apartados de sus cargos y responsabilidades, impidiéndoles organizar una limpia de las altas esferas del espionaje estadounidense. Así, sin acceso a la tecnología y los archivos oficiales, tendrán que liderar una peligrosa operación para liberar a Sam Joseph primero y tratar de descubrir al traidor después.

Saber de lo que escribes

David McCloskey trabajó varios años en la CIA. Con un Máster en Política Energética y Oriente Medio, viajó a esa zona del planeta como activo en varias estaciones de campo. De esos años surgió su primera novela, Estación Damasco, una obra que explicaba a las claras qué estaba ocurriendo en Siria.

Con su segundo libro, Moscú X, demostró que era uno de los mejores autores de novelas de espías del momento, a pesar de su juventud. Y también que el verdadero peligro para la seguridad de occidente estaba en la capital rusa. Hacia allá mira de nuevo la trama de su tercera novela, Langley, séptimo piso, pero con un giro muy original.

El resultado es una novela tan adictiva como 'Estación Damasco' y 'Moscú X', con una trama tejida con mala uva

En esta ocasión, McCloskey se centra en el funcionamiento de la agencia. En las relaciones de poder dentro de la misma y en cómo se suele cumplir el dicho entre agentes que reza que, aunque tú le seas siempre fiel, la oficina jamás te corresponderá. Y de fondo, la capacidad rusa de colarse en cualquier estructura, de afectar a la vida diaria de todos y cada uno de nosotros.

El resultado es una novela tan adictiva como las dos anteriores, con una trama tejida con mala uva, en la que se plantean varios posibles culpables, pero con la capacidad de despistarte y volverte lo suficientemente loco como para sospechar hasta de ti mismo. Y eso es lo que quiere el autor. Que devoremos cada página como si en ella estuviera la solución al enredo.

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