Barbara Kosmowska

Ilustradora: Emilia Dziubak

Traductora: Karolina Jasezcka

Editorial: Nórdica Infantil

Año de publicación original: 2025

Nadie le explica a un niño que sus padres se van a separar. Alguien lo intenta, claro. Se sientan con él (o ella), ponen cara seria, buscan las palabras más suaves y dulces del diccionario. Pero los niños entienden antes lo que no se dice que lo que se dice. Entienden el silencio en la mesa. La habitación con la puerta cerrada. Las caras largas. El insoportable hedor de la tristeza. El teléfono que vibra y que mamá mira con una cara que nunca antes había tenido.

Nadie le explica a un niño que sus padres se van a separar. Pero los niños entienden antes lo que no se dice

Eso es lo que vive Mati. Y eso es de lo que trata La cometa.

Preguntas sin fácil respuesta

Barbara Kosmowska nació en 1958 en Bytów, una ciudad del norte de Polonia, y lleva décadas escribiendo para niños y no tan niños con una característica poco habitual en el género: no les subestima. Sus libros no resuelven los problemas de sus protagonistas con un abrazo y una lección bien aprendida en forma de moraleja al final del último capítulo. Los deja vivir el problema, navegar la incomodidad y encontrar algo parecido a la paz sin necesidad de que todo vuelva a ser como antes.

La cometa, es quizás su obra más redonda. Y la más valiente.

Cometa hacia ninguna parte

Mati tiene una habitación propia, una amiga llamada Tonia y la mejor mamá del mundo. Pero desde que papá se marchó de casa, algo en la vida cotidiana de Mati ha perdido el color. Mamá tampoco es la de antes. Y Mati lleva el peso de esa tristeza sin saber muy bien cómo nombrarla ni qué hacer con ella.

Entonces aparece el señor Alberto. Un vecino anciano, un poco raro, con mucho tiempo libre y una habilidad particular para construir cometas de colores. Lo que empieza como una distracción se convierte en otra cosa: una amistad entre generaciones que tiene la temperatura exacta de lo que Mati necesita sin saber que lo necesita.

El señor Alberto no le pide a Mati que esté bien. Simplemente está ahí. Y eso es exactamente lo que Mati necesita

Alguien que no le pide que esté bien. Que no finge que todo va a arreglarse. Que simplemente está ahí, construyendo cometas y dejando que el silencio sea compañero. Que no incomode, que no reste.

La cometa que construyen juntos tiene un propósito secreto que Mati guarda para sí: si vuela lo suficientemente alto, quizás papá la vea desde donde esté y encuentre el camino de regreso. Es la lógica de un niño que todavía cree que el mundo puede repararse con los materiales adecuados. Y es también la imagen más honesta que ha dado la literatura infantil reciente sobre lo que significa la esperanza cuando tienes nueve años.

Niños y adultos

Hay libros infantiles que los padres compran para sus hijos y hay libros infantiles que los padres leen para ellos mismos mientras se los leen a sus hijos. La cometa es de los segundos. Kosmowska no escribe sobre la separación de los padres como si estuviese escribiendo un innecesario manual de autoayuda ni desde el melodrama fácil y lacrimógeno. Aunque aquí igual lloráis de todas formas, porque es un libro precioso con unas ilustraciones dibujadas por Emilia Dziubak que son para quedarse a vivir en ellas.

Este es el tipo de libro que se le va leyendo a los peques y que cuando se termina sigue dando vueltas por la cabeza varios días después

Volviendo a Kosmowska. La cometa es la mirada de un niño que no entiende del todo lo que pasa pero que lo siente con una precisión que descoloca.

Este es el tipo de libro que se le va leyendo a los peques en voz alta una noche y otra, y otra más. Y que cuando se termina sigue dando vueltas por la cabeza varios días después. Para el niño, porque Mati y el señor Alberto se quedan con él. Para nosotros, los adultos, porque hay algo en esa cometa lanzada hacia un padre que quizás no vuelva que es demasiado real para que quepa solo en la infancia.

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