
Sara Barquinero
Editorial: Lumen
Fecha de publicación original: 2026
A los escapularios que portaban los reos durante la época de la Inquisición se les llamó sambenitos y de su uso —divino— devino, a su vez, otro bien distinto: el que aplicamos como marca de la vergüenza sobre otros. El de las 'listillas' es, a priori, de los más inocuos, aunque repetido hasta la saciedad en la cultura pop y la ficción: pensamos, por ejemplo, en Lisa Simpson, Mafalda o Rory Gilmor como 'listas' ilustres.
Las 'listillas' destacan en este caso porque de haber sido hombres cis y heterosexuales habrían sido genios adelantados a su tiempo
Las 'listillas' destacan en este caso porque de haber sido hombres cis y heterosexuales habrían sido genios adelantados a su tiempo. Si además a su sambenito particular le añadimos un origen más bien humilde, sin grandes bibliotecas en el salón ni rastro alguno de académicos, investigadores o autores en su árbol genealógico, lo que obtenemos es el retrato que condensa en La chica más lista que conozcola escritora Sara Barquinero.
Se une aquí la novela de formación con la crítica feminista, sin olvidar los dardos a la Academia, y su monolítico desprecio de clase. Su protagonista viaja desde Valladolid a la capital para estudiar Filosofía. Pero al llegar descubre que hay compañeros que cuentan con una ventaja heredada en el capital cultural familiar. La 'listilla' de Barquinero se abre camino entre la realidad y la ficción para vindicar, por momentos, también a su autora.
Las tribulaciones de la estudiante Alicia
Alicia llega a Madrid para estudiar filosofía, convencida de que allí encontrará todo cuanto ha ansiado durante su adolescencia en Valladolid. Libros, profesores y compañeros que la estimulen, la promesa de una vida en la que su brillantez académica sea capaz de iluminar un camino que la aleje de la mediocridad en la que, a sus ojos, ha vivido hasta entonces.
Existe un abismo insalvable entre quienes crecieron en ambientes culturales y quienes se sienten intrusos
Aunque en su primer año se encuentra con un panorama muy distinto, un abismo insalvable entre quienes crecieron en esos ambientes y quienes se sienten intrusos. La universidad y todos sus afectos y efectos se convierten en un escenario tan reconocible como vital dentro de la trama que propone la escritora. Sencilla a priori, la de una joven que sacrifica semestre a semestre una inocencia que mide con la sabiduría ignota de sus compañeros.
Ignota en este caso porque Alicia nunca llega a comprender cómo otros saben o conocen ciertas cosas antes de hacerlo ella. Información que va desde los tejemanejes de departamentos universitarios, las acusaciones que rodean las cabelleras poco pobladas de sus profesores ya maduritos o cuál es la mejor traducción de la Gaya ciencia de Nietzsche. Ellos lo saben porque fueron instruidos desde la cuna y Alicia, sencillamente, no.
Ser y tiempo
Feuerbach expuso en su tesis 11 la necesidad de que los filósofos cambien el mundo, una máxima que discute Barquinero a través de sus personajes. Se dan aquí debates esenciales sobre la capacidad de respuesta de alumnas y asociaciones feministas en los casos de abuso sexual dentro del claustro de la facultad de Filsofía, de las protestas estudiantiles y cómo rubricar con nombres y apellidos una queja formal puede tirar por tierra una carrera dentro de la Academia.
Se dan aquí debates sobre la capacidad de protesta de las alumnas en los casos de abuso sexual dentro del claustro
No son solo parte de la trama. Barquinero utiliza ejemplos reales y añade pequeñas explicaciones y observaciones que crecen a medida que Alicia deja atrás su candidez. Mezcla los libros leídos durante el curso y sus conclusiones con respecto a cuanto vive. Empezando por las consideraciones románticas de Platón en El banquete, ascendiendo en la historia del conocimiento hasta conclusiones menos halagüeñas sobre lo que los seres humanos son capaces de hacerse cuando se aman o creen hacerlo.
Aparece aquí la figura central del libro, quizás la misma que se asoma fragmentada en su portada. Juan Comala, profesor de dicha universidad y desvelo romántico de nuestra protagonista a lo largo y ancho del libro. Sin embargo, repetimos que esta novela no se queda en la superficie de la ficción y decide bucear hasta la verdad oculta, la aletheia, por mucha peste que desprendan las aguas fangosas cuando se las remueve.
El crepúsculo de los ídolos
Son los pequeños caciquismos los que construyen el ecosistema universitario. El de los profesores que 'encandilan' alumnas de primer curso, que beben, se drogan y salen con los pupilos por garitos de Moncloa. Muchas de las cosas que aquí aparecen tienen su eco en un mundo, tan real, que a un servidor le hizo retroceder 10 años hacia el pasado, litrona y guitarra en ristre en el césped de dicha facultad que nunca termina de nombrarse.
Historias extrañas que a veces se remataban en pintadas: "XXXX es un violador"
Se hablaba, ya en aquel entonces, de todo lo que apunta hoy la escritora. De cómo en el Banquete, la fiesta de final de curso, se juntaba, en igualdad de condiciones, alumnos y claustro para compartir cuartos de pastilla, caladas y tragos. De esos simposios siempre salían historias extrañas que a veces se remataban en pintadas que suscribían los rumores sobre ladrillo: "XXXX es un violador".
Todo eso vive Alicia, entablando amistad con un grupo de pijos capitalinos, más acostumbrados a las ediciones de Catedra y Pre-Textos adornando estanterías familiares que a esos cuadros tan feos de escenas de caza, patrimonio popular patrio. Son otras alumnas, la quienes terminan captando su atención por poseer cuanto ella ignora. Hijas de catedráticos bien posicionados e instruidos, se dan entre ellas las mixturas clásicas de la edad (cuernos, traiciones y deseos varios) junto a una difícil relación de poder.
La chica más lista que conozco
Alicia pasa del mito al logos en su primer semestre y aprende a manejarse en el ambiente universitario con más maña, así como a participar de sus silencios y camaraderías cuando es necesario. La escritora nos convierte en ella de una forma magistral, con ese pulso firme que ya demostró en Los escorpiones a la hora de suturar a su generación y hacer casquería de sus experiencias vitales, todo ello sin perder un ápice de interés en cada página y con personajes elegantemente construidos.
Barquinero añade observaciones a cada capítulo que se deben leer con rictus irónico y algo de mala leche
Su protagonista explora toda las caras de la inteligencia, la necesidad de reconocimiento externo pero también los problemas que arroja. Repetimos: de haber sido hombres, las 'listillas' de Barquinero se habrían transformado en genios fundamentales del pensamiento. Pero en esta novela tienen un destino distinto y casi siempre abocado a la soledad.
La chica más lista que conozco funciona a todos esos niveles y aprovecha la bibliografía del curso que va de Sócrates a Heráclito, pasando por Heidegger y Sartre para intentar construir su propio sistema filosófico que arroje algo de comprensión sobre cómo se comportan sus personajes. Barquinero añade notas al margen al final de cada capítulo que se deben leer con rictus irónico y algo de mala leche. Porque nadie sale indemne de pasarse de listo aquí, tampoco Alicia.
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