Maysa Odeh

Ilustradora: Aliaa Betawi

Editorial: NubeOcho

Año de publicación: 2026

Layla es una niña como cualquier otra en su escuela y comparte clase con compañeros cuyas familias vienen de lugares muy distintos del mundo. Un día, la profesora despliega un enorme mapamundi y propone una actividad sencilla: cada estudiante debe señalar el país de origen de su familia. Lo que empieza como un ejercicio escolar se convierte, para Layla, en una experiencia desconcertante.

Un mapa para Palestina de Maysa Odeh narra la historia de una niña que no encuentra su país en el atlas escolar. A través de los recuerdos de su familia, descubre que la identidad y el hogar también se construyen con memoria, historias y resistencia. Cuando llega su turno, busca y busca en el mapa, pero no encuentra el lugar del que siempre ha oído hablar en casa. Palestina no aparece por ninguna parte. Esta escena inicial da pie al hilo conductor de este álbum ilustrado.

Layla descubre que la existencia de un pueblo no depende de las líneas dibujadas en un atlas

A través de la mirada de Layla, la autora introduce una pregunta profundamente política y humana: ¿puede desaparecer un lugar simplemente porque no aparece en un mapa? La niña regresa a casa confundida y triste, y es allí donde su abuela, su abuelo y su madre comienzan a contarle historias de su tierra natal. Cada recuerdo familiar construye un mapa distinto, uno hecho de memoria, de pérdida y también de resistencia.

La historia invita a reflexionar sobre cómo se transmite la identidad cuando el territorio ha sido arrebatado. Layla descubre que la existencia de un pueblo no depende de las líneas dibujadas en un atlas, sino de las historias que sobreviven en las familias. El libro se convierte así en una puerta de entrada para que niñas y niños comprendan cuestiones complejas como el exilio, la memoria y la injusticia, pero desde una narrativa íntima y accesible que busca la empatía.

Palestina vive en ti

"Palestina vive en ti" es una frase que se repite a lo largo del cómic como un recordatorio constante de que la identidad no puede borrarse. Para Layla, esta idea surge como respuesta a su frustración inicial. Si Palestina no aparece en el mapa, ¿significa que no existe? Su familia le muestra que la pertenencia no depende únicamente de un territorio físico, sino también de los recuerdos, las tradiciones y los relatos que se transmiten de generación en generación.

Decir que Palestina vive en las personas significa que la existencia de un pueblo no puede ser negada por otros

La frase también refleja el sentimiento de muchas personas palestinas que han crecido lejos de su tierra. Cuando el hogar ha sido perdido o se encuentra inaccesible, la identidad se convierte en una forma de resistencia cultural. Palestina vive en la lengua que se habla en casa, en las recetas familiares y en las ciudades de donde proceden los abuelos. En ese sentido, el libro plantea que la memoria colectiva puede convertirse en una especie de mapa invisible que guía a quienes han sido desplazados.

Más allá de la experiencia individual de Layla, la frase encierra una dimensión profundamente emocional y política. Decir que Palestina vive en las personas implica afirmar que la existencia de un pueblo no puede ser negada por decisiones políticas o representaciones cartográficas. El libro muestra que la identidad palestina continúa viva precisamente porque sigue siendo contada, recordada y transmitida. En esa persistencia reside una forma de entender la esperanza.

Cómplices de un genocidio

El cómic también invita a pensar en una realidad incómoda: el silencio internacional ante la injusticia. Cuando Layla no encuentra Palestina en el mapa de su clase, el gesto parece pequeño, casi anecdótico, pero simboliza algo mucho más grande. Borrar un lugar del mapa puede ser una forma de invisibilizar a quienes lo habitan o lo habitaron. El mirar hacia otro lado se convierte entonces en una forma de negación.

Ignorar el sufrimiento de un pueblo, o tratarlo como si no fuera un genocidio sin responsables ni consecuencias, contribuye a perpetuar esa invisibilidad. El libro sugiere que la indiferencia global puede convertirse en complicidad cuando permite que la historia de un pueblo sea ignorada o distorsionada. Al poner esta cuestión en un relato dirigido a los más pequeños, la obra plantea una pregunta fundamental: ¿Qué significa mirar hacia otro lado cuando existe una injusticia?

Una imagen que es hogar

Las ilustraciones de Aliaa Betawi desempeñan un papel fundamental en la forma en que la historia se cuenta. Las imágenes no se limitan a acompañar el texto, sino que construyen un universo emocional donde los colores, las texturas y los espacios transmiten tanto la nostalgia como la pertenencia. En muchas páginas aparecen paisajes cálidos, casas rodeadas de olivos y escenas familiares que transmiten una sensación de hogar incluso cuando ese hogar pertenece al pasado o a la memoria.

Aunque Palestina no aparezca en el mapa, sí existe en las imágenes que guarda su familia

A través de estas imágenes, el libro sugiere que el hogar no es solo un lugar físico. Es también una colección de recuerdos compartidos, de gestos cotidianos y de historias contadas alrededor de la mesa. Las ilustraciones convierten esos recuerdos en algo visible y casi tangible. De esta manera, el lector comprende que, aunque Palestina no aparezca en el mapa del aula de Layla, sí existe en las imágenes que guarda su familia y en la memoria que sigue viva dentro de ella.

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