
Editorial: Ediciones B
Fecha de publicación: 2026
Luis Roso no tiene piedad. Arremete contra la prensa que busca el sensacionalismo, como apunta a periodistas, opinadores, escritores y cebadores de contenido que durante más de tres décadas han contribuido a extender imprecisiones sobre uno de los crímenes más cruentos de nuestra historia. Seguramente, incluso quien escribe estas líneas, no por voluntad sino por errores repetidos.
Ni Carlos Saura se libra de salir escaldado en este voluminoso trabajo
El escritor asume que ocurre así, aunque sin indulgencia alguna: “Resulta descorazonador percatarse de que muchos periodistas y escritores, los de antes y los de ahora, realizan su trabajo como lo haría la Inteligencia Artificial: tomando datos de la primera fuente que encuentran y publicándolos como verdaderos sin comprobar nada”. Ni Carlos Saura se libra de salir escaldado en este voluminoso trabajo. Más de 400 páginas sobre la matanza en Puerto Hurraco, el espectáculo del horror, su último libro.
El espectáculo del horror
Puerto Hurraco, el espectáculo del horror no empezó siendo lo que hoy es. En palabras de su autor, un ensayo: “No exactamente un ensayo académico, sino un texto más bien híbrido”. En cualquier caso, no es un true crime al uso ni mucho menos una novela que pueda lindar con la ficción. Hay un empeño por la precisión, el análisis y la crítica. También, por ajustar cuentas con cómo se contó. No tanto el suceso primigenio sino su evolución.
Este no es un 'true crime' al uso ni mucho menos
Pese a ser cacereño, Roso no había pisado nunca. Aun siendo filólogo, profesor de literatura, director de uno de los festivales más reputados de novela negra y escritor, tampoco había escrito nada sobre el mismo. “Era una oportunidad, sí, pero sobre todo era un desafío”, aclara al inicio sin ocultar el pudor que sintió durante la visita al escenario del crimen.
Como quien mira sin querer hacerlo como hicieron tantos antes. Busca ser más sutil, menos morboso. Escapar de su pira. Después de todo, ¿quién conocía Puerto Hurraco antes del 26 de agosto de 1990? ¿Antes de que los hermanos Izquierdo Izquierdo matasen a nueve personas, dos de ellas menores de edad?
Un crimen con nombre de cuervo
“Puerto Hurraco —escrito erróneamente sin hache en no pocas ocasiones— poseía una reminiscencia oscura, una resonancia casi macabra: la urraca, un pájaro asociado con la muerte, con la brujería, con la mala suerte. El nombre resultaba inverosímil, como sacado de una mala novela. Era tan tétrico que hasta parecía puesto de forma irónica”, escribe el autor.
De nuevo, con dentellada. ¿Cuántas veces se habrá escrito mal? ¿Cuántas se ha dado por hecho que un noviazgo mal resuelto entre una de las hermanas Izquierdo y un Cabanillas estaba en el origen del tiroteo? ¿Cuántas se ha recurrido a encasillar el crimen en la España más negra y profunda? Esto último, en esta obra, escuece especialmente.
Puerto Hurraco pasó a ser el emblema de la España negra y sus vecinos fueron condenados poco menos que a vivir bajo la sospecha
“Es una obviedad, pero no lo parece: tras la matanza —ya lo dije unas páginas atrás—”, Puerto Hurraco pasó a ser el emblema de la España negra y sus vecinos fueron condenados poco menos que a vivir bajo la sospecha de pertenecer a una raza distinta e inferior, una raza de gente malvada e ignorante, aún por civilizar”.
Reflexión sobre la que volverá más veces, con ejemplos tan gráficos como que la matanza se produce al tiempo que Robe Iniesta lanza el disco ‘Tú en tu casa, nosotros en la hoguera’ donde está recogida la canción Extrema y dura, convertida en emblema del rock patrio, que no de la España profunda.
Bucear en el crimen
La realidad siempre es caleidoscópica. Aunque Roso busca ajustarse lo máximo posible a su versión más realista. Para ello, huye expresamente de nuevos testimonios que le aclaren las dudas, sino que hace un trabajo puro de inmersión. Se coloca la escafandra y se sumerge en hemerotecas, libros de ficción y sin aparente ficción, horas y horas de televisión, documentales y cine. Cualquier referencia sucinta a Puerto Hurraco está en la digestión de esta revisión del caso, que vale tanto a iniciados como a expertos en la materia.
¿Quién no recuerda a las hermanas Izquierdo vestidas de luto en un vagón de tren, de regreso de su presunta estampida tras el crimen cometido por sus hermanos, y rodeadas de periodistas para los que a todas luces eran las supuestas inductoras del mismo? ¿Alguien recordaba que en la supuesta huida de Puerto Hurraco habían ido a la Moncloa a pedir audiencia por una muerte anterior? ¿Cuántas veces se recuerda que asociado a Puerto Hurraco habría otro crimen sin resolver, el de la matriarca de los Izquierdo?
La insolvencia de la justicia y la negligencia de las instituciones a la hora de atender a la progenie de los Izquierdo
“A nadie interesaba que una anciana hubiera sido asesinada seis años antes, por ser esa anciana la madre de otros asesinos”, nos vapulea Roso. Tanto a los de entonces y a los de ahora, por defecto. Quizás porque la magnitud de una matanza tapó un crimen que, en realidad, nunca se investigó. El del incendio en el que murió la madre, en 1984. Sin que nadie en su momento intuyese la deriva de no hacerlo.
Precisamente, sobre la insolvencia de la justicia y la negligencia de las instituciones a la hora de atender a la progenie de los Izquierdo —cinco de seis hermanos tenían problemas de salud mental tratados de manera deficiente—, también se detiene este autor de fusta en mano. Lo que es de agradecer, aún cuando escueza.
Morbo y amarillismo
Recuerda cuando algunos periodistas se colaron en velatorio de las dos menores para fotografiar los ataúdes abiertos, como a los que entraron de noche en la casa de los asesinos detenidos en busca de una exclusiva, como al periodista que se permitió estas licencias para referirse a las hermanas Izquierdo: “Yermas ya muchos años. Secas, como las mujeres enlutadas de los dramas lorquianos".
Y sigue con "cuando se les acartonaron los caños de la leche y se acabaron las lunas, con el puerperio, la soledad de las dehesas se les metió en los sesos y en el vientre llenándolas de rencor”. Quizás, hay ríos de tinta que deberían haberse secado antes de desbordarse de esta manera.
Algunos periodistas se colaron en velatorio de las dos menores para fotografiar los ataúdes abiertos
Sorprende saber que ya entonces, allá por los primerísimos noventa, ni un suceso como el de Puerto Hurraco aguantaba más de dos semanas de eco mediático. Ocurrió el 26 de agosto, pero el 7 de septiembre “Puerto Hurraco había perdido algo de fuelle en los medios”. Lo que nada impide que cíclicamente vuelva a ser recordado.
Espero que con más tino gracias a este obrón. Por la parte que me toca, mi ejemplar de Puerto Hurraco, el espectáculo del horror lo tengo lleno de frases subrayadas, ideas anotadas, párrafos marcados entre exclamaciones y páginas con esquinas dobladas. Sin ánimo de hacer spoiler, porque nada entenderá quien no lo lea de principio a fin, comparto aquí dos cruciales: la 105 y la 318. Confío en que sepamos hacer buen uso de ellas.
Sigue el canal de Ahora Qué Leo en WhatsApp para estar al tanto de todas nuestras reseñas, reportajes y entrevistas.

