Una olla repleta de monedas romanas en el Museo Arqueológico Nacional

Una olla repleta de monedas romanas en el Museo Arqueológico Nacional

Una olla repleta de monedas romanas en el Museo Arqueológico Nacional

En la convulsa época del Imperio Romano, alrededor del año 270, alguien escondió un caldero lleno de monedas de plata y cobre cerca de lo que hoy es Valsadornín (Palencia). Dos hermanos lo descubrieron en 1937 gracias a una tormenta de verano. Después de diversos vicisitudes y una reciente restauración, ahora se puede admirar en el Museo Arqueológico Nacional.

SINC | Sinc | Madrid | 05/12/2018

Una olla repleta de monedas romanas en el Museo Arqueologico Nacional
Una olla repleta de monedas romanas en el Museo Arqueologico Nacional | Sinc

“El tesoro fue encontrado de una forma totalmente casual el 19 de agosto de 1937 por los hermanos Eusebia y Tomás Roldán en el camino viejo de Valsadornín a Gramedo (Palencia). Tropezaron materialmente con un cacharro de bronce que el agua había puesto al descubierto, derramándose parte de su contenido. Con evidente curiosidad, a pesar del mal tiempo, se pararon a comprobar de qué se trataba. Vieron una cantidad de monedas que se apresuraron a recoger, así como la vasija que las contenía que estaba parcialmente enterrada”.

Así comienza el informe que la historiadora María Valentina Calleja publicó en los años 70 sobre el llamado tesoro de Valsadornín, una olla repleta de monedas de plata y cobre que hasta el próximo 13 de enero se puede admirar en la vitrina cero del Museo Arqueológico Nacional (MAN), justo a la entrada.

Según los expertos, se trata de uno de los más importantes testimonios arqueológicos de la inseguridad que sufría el Imperio Romano en las décadas centrales del siglo III. Alguien ocultó o perdió el caldero con su dinero hacia el año 270, y su desconocido propietario nunca lo pudo recuperar.

Recientemente la vasija, todavía con monedas adheridas, ha sido objeto de una restauración y diversos análisis en el marco de una colaboración institucional entre el MAN, el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) y el Museo de Palencia, donde se exhibirá a partir del año que viene, ya que es el verdadero propietario.

La olla todavía conserva unas 8.000 monedas amalgamadas en su interior, pero contenía además otras 2.421 que se encontraron sueltas o se desprendieron después del hallazgo. Las más antiguas se han datado hacia el año 240 y las más modernas de 269. La mayoría fueron acuñadas en Roma y pertenecen al reinado de Galieno, que gobernó con su padre desde 253 y en solitario entre 260 y 268.

El tesoro de Valsadornín ayuda a trazar un mapa del poder en la época romana. Las monedas a aparecen con el nombre de 18 emperadores, emperatrices y sus herederos, que ponen cara a la inestabilidad política del Imperio, con dirigentes efímeros y usurpadores que se suceden y superponen en Roma, la Galia y Oriente.

Un tesoro de 45 kilos

En el momento del descubrimiento, el tesoro pesaba 45 kg y se estima que contenía en torno a 15.000 monedas, todas ellas antoninianos. Aunque ahora recuerde a un caldero, la vasija original sería más parecida a una olla, con boca estrecha, tapadera y dos asas, quizá para pasar algún tipo de cuerda o cadena para colgar.

Entre 2016 y 2018 el IPCE abordó su restauración, conservando el aspecto más aproximado al hallazgo original e interviniendo individualmente sólo un pequeño número de monedas desprendidas del bloque. También fueron realizadas diversas pruebas de imagen y composición metálica: radiografías, microanálisis mediante microscopía electrónica de barrido (SEM) y espectrometría de dispersión de energías de rayos X (EDX).

Los datos aún están siendo analizados pero, según los especialistas, resultan de gran interés para confirmar o descartar diversas hipótesis sobre las técnicas romanas de fabricación de moneda o la variación del contenido real en plata de los antoninianos.

vitrina0-valsadornin

Vitrina CERO del Museo Arqueológico Nacional. / MAN / Paloma Otero

El antoniniano y la crisis del siglo III

El antoniniano, creado en 215, fue la moneda más utilizada en el siglo III. Estas pequeñas piezas de vellón (aleación de plata y cobre) se han convertido en el icono de la llamada crisis del siglo III, cuyas consecuencias afectaron a todo el Imperio. 

A partir de 235 y lo largo de cincuenta años, continuas luchas por el poder, rupturas territoriales y una profunda crisis económica y social acabaron transformando el modo de vida romano. El antoniniano, cada vez más devaluado y con menos plata, refleja fielmente el deterioro de la situación. 

El antoniniano se llama así por su creador, el emperador Caracalla, cuyo nombre oficial era Marco Aurelio Severo Antonino. Se reconoce por aparecer en el anverso el retrato del emperador con una corona radiada, emulando los rayos del sol, o el de la emperatriz sobre un creciente lunar. Sol y luna son imágenes asociadas desde antiguo al poder. 

Los mas vistos

Más noticias

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.