Tener el cabecero de la cama en la misma pared por la que atraviesa una viga metálica, que la vivienda esté levantada sobre un suelo con gas radón o por donde fluya un curso de agua subterránea son factores que también afectan a la salud. Se trata de alteraciones magnéticas, eléctricas y radiactivas producidas por las radiaciones naturales de la Tierra que, al interactuar con el cuerpo, provocan desde un simple dolor de cabeza, fatiga crónica o dolencias musculares hasta problemas respiratorios graves.

Este tipo de trastornos aún no asocian al entorno donde hemos construido casas y levantado ciudades pero se empieza a ver que influyen en la salud tanto como otras causas. “En Estados Unidos, las viviendas que se ponen a la venta con estudios sobre gas radón son más caras en el mercado, pero aquí aún no se han tomado medidas”, comenta José Miguel Rodríguez, director gerente de la Fundación para la Salud Geoambiental, dedicada a diagnosticar viviendas con este tipo de alteraciones.

Una casa enferma es por ejemplo la que contiene dosis de este gas naturalmente radiactivo responsable de entre el 3% y el 14% del cáncer de pulmón, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La recomendación de la Comisión Europea es que la concentración media de gas radón no supere los 400  becquerelios por metro cúbico, aunque se estima que la directiva europea que se prepara sobre protección radiológica bajará este mínimo hasta 300 bq/m3, en la misma línea de lo que recomienda el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

En España aún no existe legislación sobre gas radón, y el diagnóstico sobre la presencia de este tóxico no llegó hasta el mes de julio, cuando científicos de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y del CSN crearon el primer mapa de las zonas más expuestas. Toda Galicia, el oeste de Asturias, la parte más occidental de Castilla y León, Extremadura y zonas del norte de Andalucía presentan más de 300 bq/m3 en sótanos y plantas bajas de las viviendas.

El estudio concluye que a partir de la segunda planta de los edificios estas concentraciones se reducen a la mitad, aunque el uranio también se encuentra en determinadas pinturas y materiales de construcción. Por ello los expertos recomiendan la ventilación de las viviendas cuando se trata de bajas concentraciones y si son elevadas, la instalación de filtros de aire.

El laboratorio Geosanix realiza en colaboración con la Fundación para la Salud Geoambiental hasta 21 parámetros de medición de contaminantes naturales en las viviendas. “Tuvimos el caso de una niña con insomnio. Medimos las radiaciones en su habitación y descubrimos que el cabecero de su cama daba a una pared por la que subía una viga metálica con una variación tan fuerte que si ponías una brújula, se giraba. Recomendamos cambiar la cama de lugar y en un mes la niña empezó a dormir normalmente”, cuenta José Miguel Rodríguez.

En esta fundación han recibido a unas 800 personas en los últimos tres años con dolencias relacionadas con el entorno en el que viven y factores ambientales. “Bastaría con medir estas radiaciones antes de construir”, asegura.