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VENTAJAS EVOLUTIVAS

¿Por qué pueden hablar los loros?

Los loros son populares por muchas razones: su colorido, su capacidad para usar herramientas... Pero lo que los hace particularmente interesantes es un talento que ningún otro animal conocido comparte: la capacidad de repetir prácticamente cualquier sonido que escuchan. Y eso pese a contar con cerebro mucho más pequeño que el nuestro. ¿Cómo es posible entonces que hablen?

Loros

LorosMartin Pettitt en flickr cc

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Hace poco, un equipo de investigadores daneses y holandeses se dedicó a analizar con detenimiento la sesera de los loros, y llegaron a la conclusión de que estas aves cuentan con centros o núcleos en su cerebro dedicados al aprendizaje de sonidos, casi idénticos a los de los colibríes y los pájaros cantores. Pero que, además, han desarrollado unos anillos externos llamados 'conchas' que también participan a la comunicación y que son bastante más grandes en las especies de aves capaces de repetir el lenguaje humano.

En otras palabras: todo apunta a que la capacidad de imitar surgió cuando ciertas estructuras neuronales relacionadas con el aprendizaje vocal se duplicaron. Es más, analizando al loro más primitivo, el kea de Nueva Zelanda, los investigadores han encontrado una concha cerebral bastante rudimentaria que sugiere que las primeras neuronas especializadas en el parloteo de estas aves empezaron a formarse hace nada menos que 29 millones de años.

Y su evolución desde entonces ha dado para mucho. Según los autores del estudio, hace falta mucha energía cerebral para procesar información auditiva y, casi inmediatamente, producir los movimientos necesarios en los músculos para imitar sonidos.

Además, no sólo se trata de sonidos de tu misma especie, sino de otras, o incluso de sonidos artificiales, como los de las sirenas de los coches de Policía y las ambulancias. Para todo ello se necesita buen oído, buena memoria y un preciso control de la producción de sonidos. Y parece que todo eso se lo proporcionan las estructuras neuronales de las conchas de su sesera.

En los loros domésticos, esta capacidad los convierte en compañeros charlatanes. E incluso se cree que podría estar relacionada con la capacidad de algunos loros de danzar al son de la música. Pero en la naturaleza también tiene consecuencias curiosas. La principal de ellas es que los loros desarrollan dialectos locales, con suficientes matices para distinguir quién pertenece a uno u otro territorio. Entender las ventajas evolutivas que supone esto es el siguiente reto de los investigadores.

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