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GEOINGENIERÍA

Echar piedras al océano puede salvar los corales

Un equipo de investigadores plantea un método de geoingeniería para reducir la acidificación de los océanos basad en el uso de un mineral llamado olivino.

Fotografía facilitada por la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral, frente a la costa noreste de Australia

EFE Fotografía facilitada por la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral, frente a la costa noreste de Australia

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Teguayco Pinto | @teguayco | Santa Cruz de Tenerife
| 23.05.2016 00:03

Desde hace años los científicos alertan de que la actividad humana está cambiando la composición química de los mares del planeta, que cada vez son más ácidos. Ahora, un equipo de científicos plantea un método para tratar de reducir la acidificación de los océanos, utilizando para ello un compuesto mineral.

La acidificación del océano es un descenso del pH causado por la absorción de dióxido de carbono antropogénico (es decir, creado artificialmente por el hombre) desde la atmósfera. Dicha acidificación puede afectar gravemente a varios organismos marinos, como corales y crustáceos, ya que el exceso de acidez hace que les resulte cada vez más difícil generar sus exoesqueletos y conchas.

Este fenómeno es bien conocido por los científicos. Un buen número de ellos se reunieron durante la primera semana de mayo en un simposio internacional celebrado en Australia para abordar este serio problema que está afectando a los ecosistemas marinos.

Entre las propuestas planteadas por los expertos para tratar de frenar la acidificación de los océanos ha destacado un método de geoingeniería propuesto por investigadores del Instituto Holandés para la Investigación Marina basado en la difusión de un mineral a lo largo de las costas.

La idea es utilizar un mineral natural que absorba los iones de hidrógeno que surgen cuando se disuelve el dióxido de carbono en el agua y que es lo que provoca el descenso del pH oceánico. Para ello, se plantean utilizar olivino, un mineral rico en magnesio que se encuentra principalmente en el subsuelo terrestre y que ha sido previamente sugerido como una manera de absorber el CO2 atmosférico.

El efecto se basa en el intercambio gradual de los iones de magnesio del olivino por los de hidrógeno que acidifican el medio, un efecto que ha sido estudiado en laboratorio usando tanques de agua de mar de 1 metro cúbico en los que se introdujeron varios tipos de organismos para imitar el ecosistema marino.

Los investigadores utilizaron el mineral molido, lo aplicaron sobre una base de sedimento natural y observaron cómo el pH del agua se incrementaba sin producir efectos adversos sobre los organismos vivos. “En nuestra investigación hemos encontrado resultados muy interesantes, que tienden a transmitir un mensaje optimista: la disolución de olivino en agua de mar contrarresta los efectos de la acidificación”, aseguran los investigadores.

Los científicos reconocen que la cantidad de mineral necesaria para conseguir un efecto a nivel global es demasiado alta, pero aseguran que esta técnica se podría utilizar para reducir la acidificación de los océanos a nivel local.

 

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