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¿MITO O REALIDAD?

Candirú: la historia del pez del Amazonas que entra por el pene

Desde hace siglos cuentan que el candirú puede nadar contracorriente, en plan salmón, e introducirse a través del orín de un hombre o de una mujer para comerse sus genitales por dentro.

¿Estará ahí el candirú?

celestialgreenventures en Flickr bajo licencia CC ¿Estará ahí el candirú?

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Hemos leído sobre él en 'El club de la lucha' de Chuck Palahniuk, y escuchar su historia puede quitar las ganas de orinar en el mar o en el río a más de una persona. El candirú, “pez palillo de dientes” o “pez vampiro”, es un pequeño y temible pez que habita en la cuenca del Amazonas y del que se dice que le atrae la orina humana, con la intención de penetrar por la uretra, el conducto por el que se expulsa el contenido de la vejiga.

Un artículo publicado en 1930 en 'The American Journal of Surgery' cuenta lo siguiente: “A lo largo del valle del Amazonas se cuenta desde hace más de un siglo la historia de un pez que tiene la extraña habilidad de penetrar por la uretra de los bañistas, hombres y mujeres”. Una vez dentro se pegaría un festín a costa del ser humano, con el terrible e insoportable dolor que ello conlleva. O eso parece...

Artículo publicado en 1930

 

La publicación no hace otra cosa que hacerse eco de lo recogido en leyendas populares que se transmitían oralmente, pero es algo que se ha amplificado en documentales y en los mentideros de internet. Dicen que se aferra con sus púas al conducto del pene o la vagina, en plan vampírico, o que pone sus huevos en el interior.

Esta obsesión del candirú fue recogida en el siglo XIX por varios europeos. Un botánico alemán fue el primero en documentarlo. Después, el británico George Albert Boulenger sugirió que la mejor manera de acabar con el parásito era la amputación del miembro, para evitar la inflamación de la vejiga y el fallecimiento. Ya casi en nuestros días cuenta la BBC que hay decenas de informes de finales del siglo XIX y principios del XX que hablan de estos hechos, citando a otros médicos locales o rumores de los habitantes de la zona.

El único ataque 'real' conocido hasta la fecha

Con todo, existe sólo un caso documentado de 'ataque' de candirú. En 1997 un hombre afirmó que el pez saltó desde el agua y se insertó en su uretra mientras orinaba desde fuera del río. Fue intervenido y toda la operación fue documentada, incluso los restos de los peces guardados en formol.

Stephen Spotte, un investigador de la Universidad de Connecticut analizó los materiales de la operación, concluyendo que el salto sería imposible sin alterar las leyes de la física. ¿Cómo iba a nadar más rápido, sorteando la gravedad del chorro de orina, sin desafiar la gravedad?

Spotte afirmó también que el animal no tiene capacidades físicas (dentadura recta o apéndices para abrirse camino). Además, se conservaron todos los dientes intactos al extraerlo, tal y como se cuenta en el libro 'Dark banquet' de Bill Schutt.

Es más, lejos de su mundo acuático, estos pequeños seres no tendrían oportunidad de sobrevivir en un conducto casi tan estrecho como su cuerpo, por lo que sería un comportamiento suicida.

Pero aún faltaba por determinar por qué decían que el candirú se sentía atraído por el orín humano. Según relata el artículo de la BBC citado anteriormente, se pensaba que se asemejaba al líquido que expulsan los peces por las branquias.

Spotte decidió analizar este hecho y publicó un artículo en 'Enviromental Biology of Fishes' en 2001 al respecto. Expusieron a estos peces a un poco de amoníaco, que hizo las labores de la urea, y a otros peces con colores muy vivos. Los candirús pasaron de largo de las sustancias químicas y se lanzaron a por la otra presa.

Lo cierto es que Spotte logró, con mucha paciencia y análisis, desmontar científicamente una superstición que todo el mundo había tomado como cierta. Lo recogió en su libro 'Life and Legend of the Bloodsucking Catfishes'. Al final todo es una leyenda urbana. Como la del agua de las piscinas que cambia de color cuando alguien se hace pis dentro... aunque esta última es más embarazosa y da menos repelús que la del 'temible' candirú.

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