La ciencia es clara, el frío, por sí solo, no causa infecciones. Para enfermar es imprescindible el contacto con un virus o una bacteria. Sin embargo, las bajas temperaturas sí crean un entorno más favorable para que estos patógenos entren en el organismo y se multipliquen con mayor facilidad. Así lo explica el doctor Antonio Ramos, especialista en Medicina Interna y miembro del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), en declaraciones a Europa Press Salud Infosalus.
Mitos clásicos que conviene desterrar
Entre las creencias más extendidas destaca la idea de que salir con el pelo mojado o los pies fríos provoca un resfriado. "No es cierto", aclara el doctor Ramos. Sin exposición al virus, no hay infección, por mucho frío que haga. También recuerda que los antibióticos no sirven para tratar catarros ni gripes, ya que son enfermedades de origen viral.
Del mismo modo, la vitamina C en dosis elevadas no previene los resfriados en la población general, ni se pierde más calor corporal por la cabeza que por otras partes expuestas del cuerpo. Estos mitos, muy arraigados en la cultura popular, desvían la atención de los verdaderos factores que influyen en el contagio durante el invierno.
Qué le hace realmente el frío a nuestro organismo
Aunque no cause infecciones, el frío sí afecta a las defensas de las vías respiratorias. Las bajas temperaturas provocan vasoconstricción en la mucosa nasal, reduciendo la eficacia del sistema de limpieza natural del aparato respiratorio. Además, el aire frío y seco deshidrata las mucosas y debilita la respuesta inmune local, facilitando que los virus accedan y se repliquen con mayor rapidez. Por eso, en presencia de una infección activa, el frío puede intensificar los síntomas o prolongar su duración.
En personas con problemas respiratorios, como asma o bronquitis, esta exposición puede agravar la congestión o inducir broncoespasmos, dificultando la recuperación. Más allá del frío, el factor clave que explica el aumento de infecciones en invierno es el mayor tiempo que pasamos en espacios cerrados. La calefacción, la mala ventilación y la concentración de personas crean el escenario perfecto para la transmisión de virus.
En interiores mal ventilados, las partículas virales permanecen suspendidas más tiempo en el aire, aumentando el riesgo de contagio. Cuanto más prolongada es la exposición, mayor es la probabilidad de infección. Por ello, los expertos insisten en que la prevención pasa menos por abrigarse en exceso y más por adoptar hábitos saludables.
Cómo protegerse mejor en invierno
Para reducir el riesgo de infecciones respiratorias, los especialistas recomiendan evitar cambios bruscos de temperatura, proteger nariz y boca en frío intenso y mantener una correcta higiene de manos. También es fundamental ventilar los espacios cerrados a diario, mantenerse bien hidratado y evitar el contacto cercano con personas enfermas. En definitiva, el frío no nos resfría, pero sí puede facilitarlo. La clave está en cerrar el paso a los virus.