Enfermedades, accidentes, guerras, épocas históricas distintas, condiciones de vida y desigualdades sociales se mezclan de tal forma que resulta muy difícil separar qué parte de nuestra esperanza de vida está escrita en los genes y cuál depende del entorno.

Durante décadas, la ciencia ha intentado responder a esta pregunta con resultados poco concluyentes. Algunos estudios sugerían que la genética tenía un papel limitado, mientras que otros defendían que la herencia familiar era clave. El problema no estaba tanto en los datos, sino en cómo se interpretaban.

Un nuevo enfoque científico ha cambiado esta forma de mirar la longevidad; no todas las muertes cuentan igual cuando se intenta entender el envejecimiento. Para medir realmente el peso de la genética, primero es necesario separar lo que depende del deterioro interno del cuerpo de todo aquello que llega desde fuera y distorsiona la foto real del envejecimiento.

Confundir envejecimiento con causas externas

Un análisis de grandes cohortes de gemelos, realizado por el Instituto de Ciencias Uri Alon Weizmann (Israel) y la Universidad de Copenhague (Dinamarca), sugiere que la longevidad humana es mucho más hereditaria de lo que se pensaba. El estudio, publicado en Science, muestra que, una vez que se excluyen las muertes por causas externas como accidentes o infecciones, la genética puede explicar alrededor del 50% de cuánto tiempo vivimos.

Durante años, la medición de la herencia genética en la longevidad ha estado distorsionada por factores externos; epidemias, condiciones laborales peligrosas, pobreza, guerras o falta de atención médica. Estos elementos, que no dependen del envejecimiento biológico, ocultaban el verdadero peso de los genes en la duración de la vida.

Los investigadores distinguen así entre mortalidad extrínseca (provocada por causas externas) y mortalidad intrínseca (derivada del envejecimiento y el deterioro biológico interno). Es en esta segunda donde la genética ejerce su mayor influencia, pero durante décadas ambas se han analizado como si fueran una sola.

Cuando separamos el contexto del cuerpo

Estudios previos ofrecían resultados muy variables sobre la herencia de la longevidad, lo que generó escepticismo sobre el papel real de la genética. Sin embargo, esta nueva investigación sugiere que el problema no era la genética, sino la metodología. Las altas tasas históricas de mortalidad extrínseca diluían el impacto genético y hacían parecer que los genes importaban menos de lo que realmente importan.

Mediante modelos matemáticos, simulaciones de mortalidad humana y el análisis de grandes bases de datos de gemelos, los científicos lograron aislar ambos tipos de causas de muerte. Al hacerlo, observaron que la heredabilidad de la longevidad se duplicaba respecto a estimaciones anteriores.

Según los autores, una vez descontadas las muertes por causas externas, la longevidad humana se alinea con la heredabilidad de otros rasgos fisiológicos complejos y con la longevidad observada en otras especies, donde el componente genético siempre ha sido claramente dominante.

¿Qué significa esto realmente para nuestra vida?

Este hallazgo no implica que los genes determinen de forma absoluta cuántos años vamos a vivir, pero sí confirma que la genética tiene un papel mucho más central en el envejecimiento de lo que se creía. El entorno sigue siendo clave, pero ahora se entiende mejor cómo interactúa con una base biológica heredada.

En la práctica, tener familiares longevos no garantiza una vida larga, pero sí puede indicar una mayor resistencia biológica al deterioro asociado al envejecimiento. Aun así, factores como el estilo de vida, la alimentación, el ejercicio, el acceso a la sanidad y las condiciones sociales siguen siendo decisivos para que ese potencial genético se exprese o no.

La ciencia, poco a poco, va desmontando la idea de que la longevidad es solo cuestión de suerte o contexto. Cada vez resulta más claro que vivir muchos años es el resultado de una interacción compleja entre genes y entorno, donde la herencia marca una base, pero las decisiones y condiciones de vida construyen el resultado final.