El doctor Tobías Zander explica que el embarazo es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar esta alteración. Durante la gestación se producen cambios hormonales que favorecen la dilatación de las venas y, además, el crecimiento del útero ejerce presión sobre el sistema venoso.

Diagnóstico mediante pruebas de imagen

Todo ello puede dañar las venas y favorecer la aparición de dilataciones. Por este motivo, el especialista considera que el número de embarazos debería ser una de las primeras cuestiones que el médico plantee cuando sospeche la presencia de varices pélvicas. No obstante, el embarazo no es la única causa. También pueden influir determinados factores individuales y alteraciones anatómicas que dificultan el flujo sanguíneo. En algunos casos, arterias que cruzan sobre determinadas venas pueden comprimirlas y obstruir parcialmente el paso de la sangre, afectando no solo a las venas ováricas, sino también a otras como la vena renal o la vena ilíaca.

La ecografía transvaginal suele ser la primera prueba que permite detectar indicios de esta enfermedad. Cuando una paciente presenta síntomas compatibles, ha tenido varios embarazos y la ecografía resulta positiva, es necesario continuar el estudio con pruebas complementarias. Aunque el TAC y la resonancia magnética también pueden aportar información, el especialista señala que la prueba de referencia es la venografía. Este procedimiento consiste en introducir un pequeño catéter a través de una vena del brazo hasta llegar a las venas ováricas. Una vez allí, se inyecta un contraste yodado que permite visualizar el recorrido de la sangre y comprobar el estado de las venas.

Un tratamiento mínimamente invasivo

Además de confirmar el diagnóstico, la propia venografía permite tratar la enfermedad durante el mismo procedimiento. Mediante el catéter se implantan pequeñas espirales que ocluyen la vena afectada, impidiendo que continúe transportando sangre. A partir de ese momento, el organismo redirige el flujo sanguíneo por otras venas sanas. En algunos casos, estas espirales incorporan materiales trombogénicos que favorecen la coagulación de la sangre y facilitan el cierre definitivo de la vena afectada.

Según explica el doctor Zander, durante años se conocía la existencia de esta patología, pero apenas había posibilidades de tratamiento. Actualmente, sin embargo, la intervención resulta relativamente sencilla y puede realizarse incluso de forma ambulatoria. El especialista advierte de que, si las varices pélvicas no se tratan, el dolor puede llegar a cronificarse y afectar de forma importante a la calidad de vida de las pacientes. "Si antiguamente no se podía tratar porque no había cómo, ahora sí, y si no se hace, es un sufrimiento innecesario para la mujer", concluye el experto.