Con motivo del Día Internacional del Síndrome de Asperger, José Antonio Peral, director técnico de la Confederación Asperger España, desgrana las claves de un trastorno que condiciona profundamente la vida social de quienes lo padecen, aunque no siempre de la manera que se imagina.

No es soledad elegida

Uno de los malentendidos más extendidos es que las personas con Asperger son solitarias por naturaleza. Peral lo desmiente, "ellos realmente sí que desean mantener contacto con otras personas y se frustran cuando no lo consiguen. La dificultad es que no tienen herramientas sociales". Esa rigidez no es una elección, sino una característica neurológica que condiciona la manera en que interpretan el lenguaje y procesan el entorno. Muchas tienen además una alta sensibilidad sensorial, con un umbral de tolerancia muy bajo a estímulos como la luz o el ruido, algo que quienes les rodean no siempre comprenden.

Otra señal característica es lo que Peral llama "intereses restringidos"; la tendencia a centrar toda la atención en un tema concreto al que se le otorga un valor muy elevado. El problema no es el interés en sí, sino la dificultad para salir de él en un contexto social. "No pueden darse cuenta de que están aburriendo a otra persona. Les cuesta empatizar en el sentido de entender cuál es la intencionalidad de los demás", explica el experto.

Un diagnóstico que llega demasiado tarde

En teoría, el Asperger podría detectarse a partir de los cuatro o cinco años. En la práctica, el diagnóstico se retrasa hasta los ocho o nueve años, y en muchos casos no llega hasta la edad adulta. Durante todo ese tiempo, la persona ha vivido situaciones muy disruptivas sin entender por qué, apartándose progresivamente de la vida social. "Piensan que son inadecuados o que están enfermos, de tal manera que a largo plazo pueden aparecer signos de aislamiento y trastornos como ansiedad o depresión", advierte Peral.

El colectivo sufre además tasas muy elevadas de acoso escolar y laboral, "Si no transmites el porqué funcionas como funcionas, puedes ser objeto de burla. Esto machaca mucho emocionalmente al colectivo".

El elemento central del tratamiento es el psicoeducativo: acompañar a la persona para que comprenda cómo funcionan las relaciones sociales y desarrolle herramientas para manejarse en ellas. El apoyo varía según el momento vital y debe contemplar también el entorno familiar y educativo. Peral lo resume con claridad, "Si la tribu es solidaria no son necesarias medidas de apoyo. Pero lamentablemente, como la tribu no es solidaria, son necesarios esos apoyos para que puedan minimizar sus dificultades e ir avanzando en su calidad de vida".