A diferencia de los tumores en adultos, que en muchos casos están vinculados a factores ambientales o estilos de vida, el cáncer infantil no suele estar relacionado con hábitos como el tabaco o la alimentación. En la mayoría de los casos responde a alteraciones genéticas que se producen de manera temprana y que no pueden prevenirse. Además, los tipos de cáncer más frecuentes en la infancia; como las leucemias, los tumores cerebrales o los linfomas, difieren de los predominantes en la edad adulta.

Síntomas inespecíficos que pueden retrasar el diagnóstico

Uno de los principales retos es que los síntomas suelen ser inespecíficos y pueden confundirse con enfermedades comunes en la infancia. Fiebre prolongada sin causa aparente, cansancio excesivo, palidez, pérdida de peso, dolor óseo persistente, aparición de bultos, hematomas frecuentes o dolores de cabeza intensos acompañados de vómitos son algunas de las señales que no deben ignorarse si se mantienen en el tiempo o empeoran.

Los especialistas insisten en que la mayoría de estos síntomas no están relacionados con un cáncer, pero sí recomiendan consultar con el pediatra cuando persisten, no mejoran con el tratamiento habitual o se acompañan de otros signos de alarma. La detección precoz continúa siendo un factor determinante para mejorar el pronóstico.

No es una enfermedad "en pequeño"

Otra diferencia clave es que el cáncer infantil no es una versión reducida del cáncer en adultos. Su comportamiento biológico es distinto y, en muchos casos, responde mejor a los tratamientos. De hecho, los avances en oncología pediátrica han permitido elevar significativamente las tasas de supervivencia en las últimas décadas.

Sin embargo, los expertos recuerdan que el impacto no termina con la curación. Muchos supervivientes pueden presentar secuelas a largo plazo derivadas de los tratamientos, lo que exige seguimiento médico continuado y estrategias de apoyo integral.

En el Día Internacional del Cáncer Infantil, los profesionales sanitarios subrayan la importancia de la investigación específica en oncología pediátrica, el diagnóstico precoz y el acompañamiento a las familias. Conocer las señales de alerta y entender que el cáncer infantil tiene características propias es un paso esencial para seguir mejorando los resultados y la calidad de vida de los pacientes más jóvenes.