Una nueva y rigurosa revisión Cochrane, liderada por investigadores del Hospital de China Occidental de la Universidad de Sichuan, ha analizado datos de más de ciento veinte mil participantes para arrojar luz sobre esta controversia. Los resultados son contundentes y obligan a replantear las recomendaciones actuales. El uso diario de aspirina no ofrece una protección rápida ni fiable contra el cáncer de intestino y, por el contrario, presenta riesgos inmediatos y graves para la salud de los pacientes.
Evidencia científica bajo el microscopio
El equipo de investigación evaluó diez ensayos controlados aleatorizados con el objetivo de determinar si la aspirina u otros antiinflamatorios podrían prevenir la aparición de pólipos precancerosos o tumores en personas con un riesgo promedio. Tras un análisis minucioso, los expertos concluyeron que este fármaco probablemente no reduce el riesgo de desarrollar cáncer de colon durante los primeros quince años de uso continuado, lo que desmonta la idea de una protección a corto o medio plazo.
Aunque algunos estudios previos sugerían efectos protectores tras más de una década de tratamiento, la certeza de esa evidencia es calificada por los investigadores como muy baja. Muchos de esos beneficios potenciales provienen de fases de seguimiento donde los participantes pudieron haber modificado sus hábitos o iniciado otros tratamientos médicos, lo que introduce sesgos significativos que invalidan la recomendación del fármaco como una solución universal y preventiva.
El peligro inmediato de las hemorragias
Frente a un beneficio que tardaría más de diez años en manifestarse, si es que llega a ocurrir, los riesgos para el paciente aparecen de forma casi instantánea. La revisión muestra una evidencia clara de que el consumo diario de aspirina eleva notablemente el riesgo de sufrir hemorragias extracraneales graves.
Además, se ha observado un incremento en la probabilidad de padecer accidentes cerebrovasculares hemorrágicos, una complicación de extrema gravedad que compromete la seguridad del paciente de forma directa. Incluso en dosis bajas, el riesgo de sangrado permanece activo. Esta vulnerabilidad es especialmente crítica en adultos mayores o en personas con antecedentes de úlceras gástricas y trastornos de la coagulación.
Por tanto, la comunidad médica advierte que cualquier posible ventaja a largo plazo queda eclipsada por el peligro real de sufrir una hemorragia severa desde el inicio de la ingesta del medicamento, lo que obliga a una vigilancia estrecha y a una prescripción mucho más restrictiva.
Hacia una prevención médica de precisión
La conclusión de los expertos es que debemos alejarnos de los enfoques genéricos. Mientras que en personas con alto riesgo genético, como aquellas que padecen el síndrome de Lynch, la aspirina puede seguir teniendo un papel relevante, para la población general con riesgo promedio no existe una base científica sólida que respalde su consumo con fines preventivos. La balanza entre beneficios y daños es compleja y cambia sustancialmente con el paso del tiempo.
El futuro de la oncología preventiva se encamina ahora hacia la medicina de precisión. Los facultativos instan a los pacientes a no iniciar tratamientos por cuenta propia y a consultar siempre con profesionales sanitarios para evaluar su perfil de riesgo individual.
El uso de marcadores moleculares y el análisis detallado de la historia clínica de cada persona serán las herramientas que permitan identificar quiénes podrían realmente beneficiarse de estas terapias y quiénes, por el contrario, están asumiendo un riesgo innecesario para su integridad física.