En España, el número de nuevos diagnósticos de cáncer continúa en aumento. Según el informe Las cifras del cáncer en España, elaborado por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en 2025 se alcanzaron los 296.103 nuevos casos, un 3,29 % más que el año anterior, un incremento relacionado con el envejecimiento de la población y la mejora en los programas de detección. Además, el cáncer se consolidó en 2024 como la principal causa de muerte en el país, con 115.578 defunciones, lo que representa el 26,5 % del total, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Anticuerpos conjugados, atacando el tumor desde dentro

Una de las estrategias más prometedoras son los anticuerpos conjugados, fármacos que actúan como un "caballo de Troya". Estos tratamientos combinan un anticuerpo monoclonal, capaz de reconocer una diana específica del tumor, con una carga de quimioterapia que se libera directamente dentro de la célula cancerosa.

Su uso ya está consolidado en algunos tumores metastásicos resistentes a otros tratamientos. En el cáncer de mama, especialmente en los subtipos HER2 positivo, HER2-low y en determinados casos de enfermedad triple negativa, estos fármacos han demostrado mejorar los resultados clínicos. Según explica la oncóloga Rebeca Lozano, secretaria científica de SEOM, los próximos pasos pasan por su utilización en fases más precoces de la enfermedad, antes o después de la cirugía, con el objetivo de reducir el riesgo de recaída.

El desafío de los tumores sólidos

La terapia con células CAR-T ha supuesto un cambio radical en el tratamiento de algunos cánceres hematológicos, como leucemias y linfomas. Esta técnica reprograma los linfocitos T del propio paciente para que reconozcan y destruyan las células tumorales, logrando respuestas profundas y duraderas en casos sin otras opciones terapéuticas.

Sin embargo, su aplicación en tumores sólidos sigue siendo un desafío. La investigación avanza, pero aún se enfrenta a barreras importantes, como la heterogeneidad tumoral, la dificultad de las células CAR-T para penetrar en el microambiente del tumor y el riesgo de toxicidad si la diana no es exclusiva de las células cancerosas. Aun así, los ensayos en marcha mantienen abiertas las expectativas de que esta terapia pueda extenderse a nuevos tipos de cáncer en los próximos años.

Vacunas contra el cáncer

Las vacunas terapéuticas contra el cáncer se encuentran mayoritariamente en fase experimental. A diferencia de las vacunas preventivas frente a infecciones como el virus del papiloma humano o la hepatitis B, estas buscan entrenar al sistema inmunitario para reconocer y atacar células tumorales ya existentes.

Entre ellas destacan las vacunas de ARN mensajero, basadas en la misma tecnología que las utilizadas frente a la covid-19. Según explica el investigador Pedro Berraondo, del Cima Universidad de Navarra, estas vacunas se diseñan de forma personalizada a partir de los neoantígenos específicos de cada tumor, lo que permite una respuesta inmune dirigida.

Inteligencia artificial e inmunoterapia

La inteligencia artificial seguirá ganando protagonismo en oncología, facilitando el análisis de imágenes médicas, datos clínicos y genómicos. Su potencial para detectar tumores de forma precoz, clasificar subtipos y predecir respuestas a tratamientos es enorme, aunque los expertos insisten en que debe utilizarse de forma responsable y como apoyo al criterio clínico.

Mientras tanto, la inmunoterapia continuará ampliando su uso, especialmente en fases más tempranas de la enfermedad, cambiando el pronóstico de tumores con alto riesgo de recaída. Más allá de los avances científicos, 2026 también pondrá el foco en la calidad de vida de los pacientes y supervivientes de cáncer. La rehabilitación, la salud mental, la actividad física, la reintegración laboral y el seguimiento de los efectos secundarios se consolidan como parte esencial del abordaje integral de la enfermedad.