Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Nagoya (Japón), publicado en The Journal of Physiology, ha identificado el circuito neuronal responsable de estos escalofríos y de la conducta de búsqueda de calor durante la fiebre.

La prostaglandina que activa la fiebre

Durante una infección, el sistema inmunitario libera una sustancia llamada prostaglandina E2 (PGE2), que actúa en el cerebro como "mediador pirogénico". Esta molécula influye sobre el área preóptica, el centro termorregulador cerebral, activando respuestas como los escalofríos, el aumento de producción de calor en el tejido adiposo pardo y la constricción de los vasos sanguíneos de la piel.

El objetivo es claro: elevar la temperatura corporal para dificultar la proliferación de patógenos y potenciar la actividad de las células inmunitarias. La fiebre, por tanto, no es un error del organismo, sino una estrategia defensiva.

El circuito emocional del frío

Hasta ahora se sabía que la PGE2 desencadenaba respuestas fisiológicas automáticas, pero no estaba claro cómo provocaba la sensación subjetiva de frío que nos impulsa a buscar calor. El equipo dirigido por Kazuhiro Nakamura ha demostrado en modelos animales que esta molécula también actúa sobre el núcleo parabranquial lateral (LPB), una región cerebral implicada en la transmisión de señales sensoriales.

En el experimento, ratas expuestas a PGE2 en esta región mostraron una clara preferencia por superficies calientes, elevando su temperatura central sin activar directamente mecanismos automáticos de producción de calor. El estudio señala que la señal se transmite desde el LPB hacia el núcleo central de la amígdala a través de los receptores EP3, activando así conductas de calentamiento.

Más que un síntoma, una estrategia evolutiva

Los investigadores concluyen que la PGE2 actúa sobre dos sistemas complementarios; uno autónomo, que regula la producción interna de calor, y otro conductual, que nos impulsa a modificar nuestro entorno para aumentar la temperatura corporal.

Desde una perspectiva evolutiva, los escalofríos y la sensación de frío no serían simples molestias asociadas a la infección, sino respuestas adaptativas que mejoran las probabilidades de supervivencia. Comprender estos circuitos podría abrir nuevas líneas de investigación en trastornos inflamatorios, enfermedades infecciosas y alteraciones de la regulación térmica. La ciencia confirma así que incluso los síntomas más incómodos tienen una lógica biológica: cuando sientes frío con fiebre, tu cerebro está activando una estrategia diseñada para ayudarte a sanar.