Con motivo del Día Mundial de la Hepatitis, el coordinador de la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España (AEHVE) y jefe del Servicio de Hepatología del Hospital de La Paz, Javier García-Samaniego, junto con datos del Ministerio de Sanidad, hace una radiografía de la situación de esta enfermedad en nuestro país.
Hepatitis A: Una variante al alza
El virus de la hepatitis A se transmite por vía orofecal, generalmente por mala higiene de manos o consumo de alimentos contaminados. A diferencia de las variantes B y C, nunca evoluciona a una forma crónica y su letalidad es muy baja (inferior al 0,5 %, aunque puede subir levemente en mayores de 50 años). Al no existir tratamiento específico, el abordaje se centra en paliar síntomas como náuseas, fiebre o ictericia.
Sin embargo, la incidencia de este virus en España experimenta una tendencia ascendente desde 2024. Según informes del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), este incremento es compatible con un aumento de la transmisión en grupos de hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH), donde existe una «limitada cobertura vacunal». Pese a este repunte, los expertos aclaran que no supone un problema grave de salud pública, pero insisten en la importancia de vacunar a los grupos de riesgo, que incluyen también a viajeros a zonas endémicas y pacientes con enfermedad hepática crónica.
Hepatitis B: Éxito vacunal y el reto del diagnóstico oculto
Transmitida por vía parenteral (sangre contaminada), sexual y materno-fetal, la hepatitis B es en su mayor parte asintomática. En España, la prevalencia es baja gracias a la exitosa campaña de vacunación infantil iniciada a principios de los años 2000, que alcanza coberturas superiores al 95 %. Actualmente se contabilizan unos 500 casos anuales, concentrados sobre todo en adultos no vacunados.
Aunque la enfermedad se puede cronificar, existen fármacos que reducen la carga viral, si bien aún no logran erradicar el virus del núcleo celular. Según García-Samaniego, España «ha hecho los deberes» en prevención, pero el gran reto ahora es implementar políticas activas de cribado para buscar pacientes infectados que no lo saben, especialmente en poblaciones migrantes de zonas endémicas y colectivos vulnerables.
Hepatitis C: A las puertas de la eliminación
A pesar de transmitirse por las mismas vías que la hepatitis B, cronificarse con frecuencia y no contar con vacuna, la hepatitis C es la gran historia de éxito reciente. Gracias a fármacos innovadores aprobados hace más de una década, con una eficacia cercana al 100 %, se ha logrado tratar a más de 170.000 personas en España.
Hoy en día, la infección activa representa apenas el 0,14 % de la población. Esto sitúa a España a la cabeza para lograr los objetivos de la OMS de cara a 2030, que exigen disminuir la incidencia en un 90 % y tratar al 80 % de los diagnosticados. El foco actual debe ponerse en evitar las reinfecciones en colectivos vulnerables que tienen poco contacto con el sistema sanitario.
Hepatitis D (Delta): El peligro de la coinfección
El virus de la hepatitis D es único: necesita obligatoriamente la presencia del virus de la hepatitis B para poder replicarse en el organismo humano. Es considerada la forma más grave de hepatitis vírica crónica y la OMS ha alertado sobre su enorme potencial cancerígeno. De hecho, los pacientes infectados con el virus Delta tienen un riesgo 3,8 veces mayor de desarrollar cirrosis y 1,28 veces más riesgo de sufrir un carcinoma hepatocelular en comparación con quienes solo tienen hepatitis B.
En España se calcula que hay entre 5.000 y 7.000 personas coinfectadas. Como el virus D depende del B, la mejor prevención contra esta agresiva variante es, precisamente, la vacuna de la hepatitis B. «Si estás vacunado de la hepatitis B, no vas a tener una infección crónica por ese virus, con lo que no te vas a poder sobreinfectar por el Delta», concluye el experto de la AEHVE.