La investigación, llevada a cabo por la Universidad Queen’s de Kingston, analizó más de 1,4 millones de nacimientos registrados en Ontario y detectó que los bebés nacidos de madres con endometriosis presentaban un riesgo ligeramente mayor de anomalías congénitas en comparación con los nacidos de mujeres sin esta enfermedad. En total, se identificaron 33.619 nacimientos de madres con endometriosis y, entre ellos, 2.120 bebés, un 6,3% presentaban algún tipo de anomalía congénita, frente al 5,4% observado en el resto de la población. Aunque la diferencia es pequeña, los investigadores señalan que la asociación es consistente y se extiende a áreas como el sistema cardiovascular, gastrointestinal, genital y musculoesquelético, además de observar un aumento en neoplasias y tumores, un dato que solo se explica parcialmente por los tratamientos de fertilidad.

Riesgos

A pesar de ello, los autores del estudio insisten en que el riesgo absoluto sigue siendo bajo. La investigadora Bailey Milne lo resume con claridad al afirmar que “si bien observamos modestos aumentos relativos en el riesgo, el riesgo absoluto de anomalías congénitas en los bebés nacidos de pacientes con endometriosis se mantuvo bajo, porque las anomalías congénitas son poco comunes”. El trabajo, publicado en CMAJ (Canadian Medical Association Journal), se suma a una creciente línea de investigación que intenta comprender cómo la inflamación crónica, los desequilibrios hormonales y los cambios inmunológicos asociados a la endometriosis podrían influir en el desarrollo fetal. Aunque los resultados no son alarmantes, sí refuerzan la necesidad de seguir estudiando esta relación para identificar posibles mecanismos biológicos y determinar si ciertos subgrupos de pacientes presentan un riesgo mayor.

En el mismo número de la revista, un artículo práctico describe el caso de una paciente cuya endometriosis crónica llegó a causar daños orgánicos graves, un ejemplo que ilustra la complejidad de esta enfermedad y la importancia de detectarla a tiempo. Las doctoras Olga Bougie, de la Universidad de Toronto, y Catherine Varner, editora adjunta de CMAJ, firman un editorial en el que subrayan la urgencia de mejorar la atención sanitaria en torno a esta afección. En sus palabras, “estos artículos subrayan la necesidad imperiosa de un diagnóstico oportuno, un tratamiento eficaz y una mayor concienciación sobre la endometriosis debido a sus secuelas potencialmente grave”.

Enfermedad sistemática

A pesar de ello, reconocen que “la endometriosis sigue siendo una enfermedad incomprendida, poco diagnosticada y poco tratada en Canadá”, una realidad que, según apuntan, probablemente se repite en muchos otros países. El editorial insiste en que la atención a la endometriosis debe dejar de depender exclusivamente de especialistas y avanzar hacia un modelo más coordinado, en el que los médicos de atención primaria reciban formación y apoyo para diagnosticar y tratar los casos no complicados.

“Para afrontar estos retos se requiere un cambio fundamental hacia una atención coordinada, basada en la evidencia y centrada en el paciente”, escriben las autoras. Esta visión pretende evitar los retrasos diagnósticos que, en muchos casos, se prolongan durante años y agravan el sufrimiento de las pacientes. La combinación de los nuevos hallazgos y las recomendaciones del editorial vuelve a situar la endometriosis en el centro del debate sanitario, recordando que no se trata solo de un problema ginecológico, sino de una enfermedad sistémica que puede tener repercusiones más amplias, incluida la salud del bebé durante el embarazo.