Para entender por qué ocurre y cuándo debemos preocuparnos, los expertos recuerdan que estos medicamentos no están exentos de efectos secundarios. Saúl Gómez, farmacéutico del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, explica en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus que los antibióticos, igual que cualquier otro tratamiento, pueden desencadenar reacciones adversas. Entre las más frecuentes se encuentran las digestivas: náuseas, vómitos, diarrea, gases o ardor estomacal. Muchos antibióticos irritan el tracto gastrointestinal y alteran el equilibrio de la microbiota, un sistema esencial para mantener la salud general.

Cómo te pueden afectar los antibióticos

El desequilibrio que los antibióticos pueden provocar en la microbiota explica que algunas personas desarrollen candidiasis oral o vaginal, con síntomas como picor, flujo o la aparición de placas blanquecinas. También es relativamente frecuente la diarrea asociada a estos tratamientos. Para disminuir el riesgo, los especialistas recomiendan valorar el uso de probióticos bajo indicación del farmacéutico.

En esta misma línea, José María Molero, médico de familia y miembro del Grupo de Enfermedades Infecciosas de semFYC, señala en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus que los trastornos digestivos son la manifestación más habitual de intolerancia a los antibióticos. La diarrea puede afectar a entre un 5 % y un 25 % de los pacientes, mientras que las náuseas y los vómitos son especialmente frecuentes con determinados grupos de fármacos, como los macrólidos, las tetraciclinas o la clindamicina. A ello se suman el dolor abdominal, los calambres y la sensación de pesadez o hinchazón, que conforman un cuadro de malestar gástrico generalizado.

Qué hay detrás de estos efectos en tu cuerpo

En esta línea, el médico de familia José María Molero subraya que es completamente habitual que los antibióticos generen molestias digestivas como diarrea, náuseas o dolor abdominal, hasta el punto de que en muchos pacientes se consideran prácticamente esperables. Explica que la diarrea es especialmente frecuente con antibióticos de amplio espectro, como la amoxicilina con clavulánico, las cefalosporinas, la clindamicina o las quinolonas, que se asocian a un mayor riesgo de desencadenar este problema.

¿Por qué los antibióticos pueden desencadenar tantos efectos digestivos? Los especialistas explican que detrás de estas molestias actúan varios mecanismos. El primero tiene que ver con el impacto directo sobre la microbiota intestinal. Estos fármacos no distinguen entre bacterias beneficiosas y patógenas, de modo que reducen la diversidad microbiana, especialmente a partir de la primera semana de tratamiento. Este desequilibrio, conocido como disbiosis, favorece la aparición de diarrea, hinchazón y malestar general.

A ello se suma que algunos antibióticos pueden irritar de forma directa la mucosa intestinal. Esa agresión provoca inflamación local y altera la función de barrera del intestino, lo que dificulta la absorción normal de agua y electrolitos. El resultado puede ser dolor abdominal, náuseas e incluso pequeñas lesiones superficiales en los casos más intensos. Por último, el uso de antibióticos puede favorecer el crecimiento excesivo de microorganismos resistentes al eliminar parte de la flora protectora. Entre ellos destaca Clostridioides difficile, responsable de entre el 15 % y el 25 % de los casos de diarrea asociada a antibióticos, una complicación que puede llegar a ser grave en determinados pacientes.