La homeopatía una de las técnicas alternativas más populares se incorpora ahora a un listado que pretende ofrecer a la ciudadanía una referencia clara sobre qué métodos cuentan con respaldo científico y cuáles no.

La actualización llega en un momento en el que las terapias alternativas viven un auge constante. Redes sociales, influencers de bienestar y la búsqueda de soluciones rápidas han impulsado la difusión de prácticas que prometen 'equilibrar la energía', 'activar la autocuración' o 'sanar desde el interior'. Sin embargo, la mayoría carece de estudios rigurosos que avalen sus beneficios.

El informe oficial reúne decenas de técnicas muy diversas, desde propuestas aparentemente inofensivas hasta métodos que pueden generar falsas expectativas o retrasar tratamientos médicos eficaces. Algunas se presentan como herramientas de crecimiento personal, otras, como soluciones para problemas físicos o emocionales. Pero todas comparten un denominador común, no han demostrado eficacia terapéutica.

Prácticas sin base científica

Entre las prácticas más extendidas figuran las terapias basadas en el sonido, como los armónicos, descritos como una técnica que 'promete sanar al cargar el cerebro con energía', o los cuencos tibetanos y de cuarzo, que aseguran producir efectos curativos mediante vibraciones. También proliferan métodos que apelan a conceptos energéticos o espirituales, como la cirugía energética, la sanación espiritual activa o la pranoterapia, que afirman intervenir en un supuesto 'cuerpo energético' para influir en la salud física.

Otras propuestas se apoyan en elementos naturales o simbólicos son los cristales de cuarzo para equilibrar emociones, esencias florales para liberar patrones mentales, piedras calientes para eliminar toxinas o incluso agua de mar el llamado plasma marino para tratar problemas digestivos. A ello se suman técnicas que prometen diagnosticar a través del iris (iridología), modificar la memoria celular (geocromoterapia) o mejorar la salud mediante la escritura (grafoterapia).

La lista también incluye prácticas más llamativas, como la orinoterapia, que defiende beber orina para fortalecer el organismo, la pirámide vastu, que atribuye propiedades curativas a pequeñas pirámides, o la numerología, que otorga a los números un supuesto poder regenerador. Incluso métodos de relajación o meditación se reinterpretan bajo marcos pseudocientíficos, como la respiración consciente o la técnica fosfénica, que promete mejorar la memoria mirando una fuente de luz.

Terapias sí reconocidas

Frente a este conjunto de prácticas sin evidencia, el informe también recoge disciplinas que sí cuentan con estudios que avalan ciertos beneficios, como la acupuntura, el pilates, el taichí, el yoga o algunas formas de meditación. En estos casos, los efectos positivos se relacionan con mecanismos fisiológicos conocidos como la liberación de sustancias analgésicas, mejora de la movilidad, reducción del estrés o fortalecimiento muscular.

La ampliación del listado no busca demonizar prácticas culturales o rituales tradicionales, sino ofrecer una herramienta clara para que la ciudadanía pueda distinguir entre intervenciones con base científica y aquellas que, pese a su popularidad, no han demostrado eficacia clínica. En un contexto saturado de promesas de bienestar, el objetivo es reforzar la información fiable y evitar que la pseudociencia ocupe el lugar de tratamientos validados.