En un zulo del tamaño de un armario pasó Maria Àngels Feliu, farmacéutica de Olot, 492 días. "Su referencia era el santoral", cuenta el periodista Carles Porta. "Se acordaba por ejemplo de que las hormigas entraron en el zulo el día de San Antonio".

Y su único contacto con el exterior era la radio. "Una de las noticias que escuchó fue la de su muerte. O sea, ella escuchó que la daban por muerta". Pero estaba viva. Y los secuestradores, que pidieron un rescate que nunca cobraron, la liberaron finalmente en marzo de 1994 en una gasolinera cercana a Granollers. "Estos tíos no pensaron nada. No pensaron ni cómo cobrar eso. El zulo lo hicieron para que esta señora estuviera tres días y la tuvieron 16 meses".

El periodista Carles Porta ha reconstruido aquellos días en 'La farmacéutica'. Y recuerda cómo, a pesar de aquel infierno, hay quienes no creyeron a Maria Àngels Feliu, asegurando incluso que se había autosecuestrado. "Ante los medios siempre quiso salir muy digna, y esa dignidad le supuso un problema de credibilidad", asegura el autor. "Lo que se comentó es que estaba demasiado bien peinada, cuando se había cortado ella el pelo con unas tijeras de trabajos manuales en el zulo".

Porque ella siempre mostró una gran entereza. Incluso en el juicio, 10 años después del secuestro, donde vio por primera vez a sus captores. "Les miró a todos la cara y tuvieron que bajar la vista".

La investigación, dice Carles Porta, estuvo llena de negligencias. Y el secuestro fue surrealista. "Que el primer día uno de los secuestradores le diga: ¿es la primera vez te secuestran?". Todo acabó con cinco personas en prisión, hoy ya en libertad, y con una mujer marcada de por vida.