
Tania Alonso Cascallana y Juan F. Samaniego
Editorial: Shackleton Books
Año de publicación original: 2026
Life in plastic, it's fantastic. Si naciste antes de 1990 y tienes un mínimo de cultura musical, esa frase te habrá llevado de golpe al verano de 1997, a la Barbie girl de Aqua que sonaba en todas partes, que nadie reconocía escuchar y mucho menos decir que le gustaba. Los autores de La era del plástico la colocan en la primera página de su libro.
El plástico nació para salvar a los elefantes. Acabó siendo lo que más amenaza al planeta
Y hacen bien. Porque es imposible encontrar un mejor resumen de la paradoja en la que llevamos décadas viviendo: como dice la canción, el plástico lo impregna todo. Nos ha hecho la vida más fácil, más barata y más colorida, y aun así hemos tardado décadas en preguntarnos qué precio estamos pagando por ello.
Tania Alonso Cascallana y Juan F. Samaniego llevan años haciéndose esa pregunta. Y en este libro han decidido responderla.
Microplásticos en el cerebro
El libro arranca donde todo empezó: en el siglo XIX, cuando la industria del billar consumía tanto marfil que los elefantes estaban amenazados. El peligro de extinción era real. Se necesitaba un material sustituto para fabricar las bolas. Lo encontraron. El celuloide fue el primer plástico de la historia, y nació, literalmente, para salvar a los elefantes.
El libro traza una línea que va de los peines y los botones de principios del siglo XX hasta los microplásticos
Desde ahí, surge una línea que va de los peines y los botones de principios del siglo XX hasta los microplásticos que hoy —sí, es duro aceptar esto— se encuentran en nuestros cerebros. Lo que empezó como una historia del progreso y cuidado de nuestros ecosistemas, paradójicamente, se convirtió en una historia de contaminación global sin pretenderlo.
Alonso y Samaniego son periodistas cofundadores de la newsletter Planeta Mauna Loa, especializados en medio ambiente y cambio climático. Llevan seis años comunicando sobre los peligros del plástico, y eso se nota en cómo escriben sobre él: sin caer en alarmismos, sin tratar de adoctrinar, solo con la curiosidad de quien lleva años persiguiendo una historia y ha aprendido a dejar que los datos hablen solos.
El Nautilus en el siglo XXI
La metáfora central del libro para concienciarnos de la importancia del abuso del plástico recae en el Nautilus de Julio Verne: aquel submarino que surcó los océanos hace ciento cincuenta años encontraría hoy algo muy diferente a lo que encontró entonces. El plástico se ha convertido en una especie invasora que ha colonizado los mares, los ecosistemas y los lugares más remotos e inimaginables del planeta.
El punto más profundo del océano. La cima del Everest. El interior del útero de una embarazada. Está en todas partes.
Hay microplásticos en la sangre, en los pulmones, en la placenta. Y sus efectos permanecen desconocidos
Los números que maneja el libro son de los que se quedan con uno porque son tremendos. Cada año, más de tres millones de aves del atolón Midway —situado en pleno centro del océano Pacífico— transportan a su isla cinco toneladas de residuos plásticos atrapados en alta mar. Hay microplásticos en la sangre, en los pulmones, en la placenta.
Y sus efectos sobre la salud permanecen, en gran medida, sin diagnóstico. Todavía los desconocemos. No porque no haya investigación, sino porque la ciencia aún no ha podido seguirle el ritmo a la velocidad con la que el plástico se ha metido en todas partes.
Las petroleras, el gran secreto
Uno de los capítulos más reveladores del libro es el que desmonta el origen de nuestra adicción al plástico de usar y tirar. No fue un accidente. Fue una estrategia. La industria petroquímica, consciente de que el petróleo iba a tener los días contados como combustible, apostó masivamente por el plástico como nueva vía de negocio.
El origen de nuestra adicción al plástico de usar y tirar. No fue un accidente. Fue una estrategia
Financiaron campañas millonarias para convencer al mundo de que el reciclaje era la solución al potencial uso excesivo del plástico, sabiendo perfectamente que ese reciclaje nunca iba a ser suficiente. Victor Lebow, economista estadounidense, lo escribió en 1955 sin disimular ni un poco: "Nuestra economía enormemente productiva exige que hagamos del consumo nuestra forma de vida". El plástico fue el instrumento perfecto para ese proyecto.
La era del plástico no es un libro apocalíptico. Es algo más difícil: un libro honesto. Que no nos absuelve como consumidores pero tampoco nos convierte en los únicos culpables. Este ensayo documenta el problema sin renunciar a la esperanza de que el cambio es posible. Un libro que empieza con una canción de los noventa y acaba con la certeza incómoda de que la vida en plástico, por fantástica que parezca, tiene un precio que aún no hemos terminado de pagar.
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