Miguel Bonnefoy

Traductora: Regina López Muñoz

Editorial: Libros del Asteroide

Año de publicación original: 2022

Puede parecerle al lector incauto, a mí me ha ocurrido, lo confieso, que con las primeras páginas de El inventor se crea que el autor ha decidido comenzar la obra con un resumen, con una visión global de la vida de Augustin Mouchot. Es tal la velocidad con la que avanza y tan directa su prosa que por un momento dudas de que pueda mantener ese pulso, ese tono, durante todo el libro.

Pero lo hace. Y nunca vuelve atrás. Es más, al pasar las páginas la tensión no decrece. Si acaso lo contrario. Y el lector pasa sobre la vida de este triste y talentoso inventor como si fuese el piloto de un avión espía, sobrevolando una vida ajena con curiosidad científica. Y asombrado del terreno que ha ido construyendo Miguel Bonnefoy con las palabras. Una pendiente constante, siempre hacia abajo, por la que se desliza el relato a una velocidad vertiginosa.

Dice el crítico francés Philippe Chevilley, y lo resalta la nota de prensa que envía la editorial, que este libro es "una biografía con aires de cuento". Y no puede ser más pertinente la comparación. Porque esta novela tiene la urgencia del relato, la pasión de la historia breve, que necesita avanzar a zancadas hacia el desenlace. Pero con la peculiaridad de que esta es una historia real, la vida de un hombre que existió. Y en ese avanzar sin desfallecer se deshace la pasión y los anhelos de un hombre olvidado.

Augustin, el olvidado

Porque esta es la historia de un pionero, de un hombre diferente, que por los azares de la vida y por malas decisiones ha caído en el más absoluto olvido. Augustin Mouchot nació en 1825, en una cerrajería, sexto hijo de un cerrajero que ni siquiera fue consciente del nacimiento de su último hijo hasta días después, tan ocupado como estaba con su trabajo y sus otros cinco hijos.

Enfermizo, débil, callado, el niño Augustin sobrevivió nadie sabe cómo a una infancia de mala alimentación, ambiente viciado y enfermedades varias. Postrado en cama habitualmente, la parte de su cuerpo que más se desarrolló en esta etapa de crecimiento fue su cerebro. Obsesionado con las matemáticas, consiguió colocarse como profesor en diferentes instituciones de toda Francia.

Postrado en cama habitualmente, la parte de su cuerpo que más se desarrolló durante su infancia fue su cerebro

En uno de sus destinos, le cedieron el apartamento del profesor anterior, que acababa de fallecer. Allí había una completa biblioteca de tratados científicos y Mouchot descubrió los estudios pioneros de un par de científicos franceses sobre el poder de la energía que desprendía el sol.

Esa lectura le cambió la vida. A partir de ese momento, dedicó todas sus escasas energías a desarrollar primero una cocina solar portátil y después un motor solar. Inventos que le granjearon una gran popularidad en los círculos eruditos de la Francia de Napoleón III, al que llegó a conocer y fue condecorado por él en la Exposición Universal de 1878.

La lucha contra el carbón

Pero la Revolución industrial no hacía prisioneros. El avance de la industria del carbón, mucho más sucia y compleja que la solar, pero con mayores intereses en la partida, relegaron sus ideas. Y la obsesión de Mouchot en perfeccionar su invento, en largas y penosas estancias en Argelia donde su propio aliado, el sol, terminó por cegarle y quemarle la piel, le alejó del cuadrilátero donde se libraba la batalla.

Con una derrota por incomparecencia, a Augustin Mouchot le fue arrebatada la gloria. Olvidado, viejo y enfermo, pasó sus últimos días en los suburbios de París, peleando contra la burocracia por mantener su pensión y su destartalado piso. Humillado por la historia a la que tanto podía haber aportado.

Una derrota global

Uno de los puntos fuertes de El inventor es que, sin necesidad de hacerlo explícito, deja bien clara que la derrota de este hombre es, de alguna manera, la derrota de la Humanidad. Porque si la sociedad científica de la época le hubiera prestado más atención, si él hubiera sabido vender mejor su invento y sus ideas, nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro, sería muy diferente.

La derrota de Augustin Mouchot es, de alguna manera, la derrota de toda la Humanidad

Sumidos como estamos en una crisis climática sin precedentes, sufriendo problemas estirados que empezaron con aquella Revolución industrial y aquel uso indiscriminado del carbón, saber que en ese mismo momento había gente empeñada en hacer ver las ventajas de energías limpias es desalentador.

La Historia avanza como un transatlántico, girando rara vez de rumbo. Y los pequeños hombres que quisieron hacerla avanzar hacia lugares más amables para todos fueron aniquilados por su paso mastodóntico. El inventor de Miguel Bonnefoy es un precioso homenaje a esos soñadores, perdedores, cuya imaginación pintó un futuro mucho mejor para todos pero cuyos dibujos quedaron quemados por el sol.