Michel Faber

Traducción: Mariano Peyrou

Editorial: Anagrama Argumentos

Fecha de publicación original: Octubre de 2023

De todas las artes, la música es la que genera los lazos más extraños con nosotros. Independientemente de cómo de interesados estemos en ella, es ubicua y resulta imposible esquivarla; a ella, pero también a la ternura, la tristeza o la nostalgia que nos genera. Una bomba de relojería emocional que se ha vuelto más mortífera a medida que hemos sido capaces de escuchar cuanto queramos, en cualquier lugar y en cualquier momento.

El novelista Michel Faber escribe sobre esta relación emocional en un texto que tiene más que ver con nosotros como oyentes que con ninguna otra cosa. Escucha es el primer ensayo en el que se embarca el escritor, melómano empedernido y ávido coleccionista de discos. Pero no se dejen engañar por esto último porque si de algo trata de huir Faber es del esnobismo habitual del género.

Los 100 mejores '100 mejores' de la historia

En buena medida, la historia de la escritura comenzó con listas, albaranes y reclamaciones que se escribían en tablillas con caracteres cuneiformes. Años más tarde, alguien en la redacción de Rolling Stone se sentó delante de un ordenador e hizo otra de 'Los 500 mejores álbumes de la historia de la música' y ahora tú estás leyendo esto.

Faber se pregunta por el criterio que aplicamos a la hora de hacer estos dietarios interminables, cuántas mujeres o personas no blancas participan de su elaboración y qué efecto tiene esto. La revista Rolling Stone es el ejemplo perfecto, por su longevidad pero también porque a dicha lista le siguió una actualización 10 años más tarde, en 2020, que cambiaba radicalmente la óptica con la que se realizó la primera.

Faber se pregunta por el criterio que aplicamos a la hora de hacer estos dietarios interminables

Aparecieron muchas más mujeres entre sus puestos, así como un énfasis por el pop y el hiphop de las últimas décadas que habían quedado completamente eclipsados en la anterior. Escucha la disecciona a través de entrevistas con músicos fuera del canon 'hegemónico y blanco' para entender cómo pueden haberles apelado los nombres de Brian Wilson, John Lennon o Jimmy Page en su desarrollo musical, todos ellos entre los primeros puestos de dicha primera lista.

La respuesta es variada, pero también obvia: las preferencias se construyen también a través del mundo que nos rodea. Estados Unidos e Inglaterra copan un mercado que parece ser el centro del universo cultural, aunque beba constantemente de propuestas que podríamos tildar de 'periféricas'. Mi recomendación es que no lean este libro si no quieren acabar decepcionados con los plagios y robos de sus artistas favoritos.

Mi recomendación es que no lean este libro si no quieren acabar decepcionados con los plagios y robos de sus artistas favoritos

Un muy buen ejemplo es el de 'Sloop John B' de los Beach Boys, incluido en Pet Sounds —segundo en el palmarés de Rolling Stone—, registrada como 'canción tradicional', aunque su autoría se deba a los artistas folklóricos de Bahamas hace menos de un siglo de nuestro presente, un periodo de tiempo aún más corto en 1966, cuando se publicó el álbum.

Aunque a Wilson le salía más a cuenta esto a repartir regalías o ponerse a buscar a los intérpretes originales de 'Sloop John B', muy alejados de las soleadas playas de California.

"¿Cómo? ¿No has escuchado a ____?"

¿Por qué las tiendas de segunda mano están llenas de discos del año? Es una de las preguntas que también se hace Escucha. Cuando alguien convierte un grupo de canciones en 'Lo mejor de ese momento', ¿a qué criterio atiende? ¿Hace que la música pierda valor fuera de esa horquilla temporal?

Faber apunta a que, en cambio, casi nunca encontramos ediciones del 'Kind of blue' de Miles Davis entre las secciones de segunda mano. Considerado 'Uno de los mejores discos de jazz de la historia', apreciar las interpretaciones de Cannonball Adderley, Coltrane, Bill Evans y compañía no es un signo de los tiempos, sino del buen gusto construido a base de importantes lecturas sobre qué discos de hard bop deberíamos poseer.

La cuestión de fondo sigue siendo qué es lo que nos empuja a querer escuchar o a decir que algo es bueno o es malo

La cuestión de fondo sigue siendo qué es lo que nos empuja a querer escuchar, a decir que algo es bueno o es malo o que una canción estúpida que sonó durante semanas en todas las radios en 1984 puede traernos el recuerdo de un familiar muerto. Para esto Faber no tiene respuesta.

Lo que sí que hace el autor es llevarnos de la mano a través de una playlist enorme. Pasamos de Mozart a Butthole Surfers para leer sobre por qué es una estupidez que los niños pequeños escuchen sonatas para ser más inteligentes. O a los Surfers para comprender que, a veces, lo que escuchamos —especialmente cuando es tan abrasivo como 'Locust Abortion Technician'— también sirve como declaración de intenciones, separarnos de otros o declarar una disconformidad chirriante y atonal.

Todas las canciones hablan de mí

Nuestros gustos también vienen determinados por cosas tan arbitrarias como la vergüenza. Otra cuestión que atraviesa este ensayo es a qué edad empezamos a entender la música como un salvoconducto para sentir que pertenecemos a algo, un algo que nos reclamará décadas más tarde en forma de giras de reunión, ediciones especiales y demás señas de la fidelización de los clientes en la industria de la música.

La música que escuchamos dice mucho sobre nosotros, o al menos sobre quiénes querríamos ser. Ahora que está de moda hablar de 'guilty pleasures' —'placeres culposos' en castellano—, también las canciones tienen estas confesiones que se nos arrancan y avergüenzan. Pero, ¿por qué? No hay una respuesta clara, pero el esnobismo es el principal culpable. Este es el motor inmóvil del que se alimenta la prensa musical y las opiniones que otros construyen para que podamos asumir sin consumir.

La música que escuchamos dice mucho sobre nosotros, o al menos sobre quiénes querríamos ser

Schoenberg y Heitor Villa-Lobos, compositores contemporáneos ambos, se pasan también para que Faber confiese que nunca se ha sentido emocionado por la música clásica, a pesar de haberlo intentado. Y lo hace sin atisbo de dicha vergüenza, porque este libro no trata de convencerte de que hay cosas increíbles que aún no has escuchado, sino de que nuestro camino a la hora de elegir por qué prestamos atención a algo debería estar guiado por nosotros mismos.

El autor nació en La Haya pero vivió la mayor parte de su vida en Australia, un dato que explica por qué su gusto ha estado enfocado a los artistas anglosajones que llegaban hasta sus oídos. Franco Battiato, quizás no sea el artista más oscuro en nuestro país, pero para su autor descubrirle fue todo un hallazgo que le llevó a querer conocer más allá de los acentos a los que estaba acostumbrado.

Escucha

Escucha trata de huir de los ensayos musicales habituales, del eco de El ruido eterno o Escucha esto de Alex Ross, de los artículos especializados y listas de lo que deberías haber oído antes de abandonar este mundo. Se parece más a los nuevos popes de la literatura musical, de David Toop en lo que a documentación y narrativa se refiere; o a Simon Reynolds en la crítica cultural proactiva, mezclando los sonidos con la política que les deforma.

Escucha trata de huir de los ensayos musicales habituales, de la impronta de 'El ruido eterno' o 'Escucha esto' de Alex Ross

Pero este ensayo se desmarca de todos los nombres anteriores —todos hombres y blancos, un detalle que a Faber no se le escapa en su libro sobre la autoría de este tipo de textos— para construir otra cosa. Algo que recuerda en buena medida a The new analogue, el fantástico ensayo de Damon Krukowski, batería de Galaxie 500 y que editó Alpha Decay en nuestro país.

Este es "el libro que siempre había querido escribir", señala el propio autor. Un texto, que por su origen, se desmarca de la ficción pero utiliza sus recuerdos como catalizador de más preguntas y algunas respuestas de una forma casi novelesca. Porque quien viene a buscar un criterio que perseguir en Escucha se encontrará con otra cosa, una tierra rara y poco habitual en la prensa musical: honestidad.

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