Éric Vuillard

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Editorial: Tusquets

Año de publicación original: 2026

Por Yolanda Gómez

Detrás de la leyenda de Billy el Niño, aquel joven que aterrorizó a todo el lejano Oeste, había un pobre chico convertido en criminal, rodeado de empresarios y terratenientes que se repartían las tierras, el dinero y el poder y que jamás aparecieron en los libros de historia ni en los western.

Vuillard da un paso atrás y muestra qué estaba pasando en EE. UU. mientras Billy aprendía a disparar

Billy el niño tenía tan solo veintiún años cuando lo mataron. Veintiún años bastaron para convertirlo en uno de los grandes mitos de Estados Unidos. Después, con los años, llegaron las novelas, las películas y esa imagen que todos tenemos de un joven con pistola, sombrero de cowboy y mirada desafiante, perseguido por la ley que se convirtió en leyenda.

Los desesperados no es exactamente una biografía de Billy el niño. Ni siquiera una novela de esas en las que aparece un sheriff a caballo, los buenos son muy buenos, los malos muy malos y hay un duelo al atardecer. Lo que hace Éric Vuillard es dar un paso atrás y mostrar todo lo que estaba pasando en aquel Estados Unidos mientras Billy aprendía a disparar.

El niño detrás de Billy

Porque antes del criminal hubo un niño: Henry McCardy. Nacido en Nueva York en 1859, fue hijo de una familia humilde de inmigrantes irlandeses. Y solo con este dato ya nos cambia la forma de leer Los desesperados, porque no responde a la pregunta de cómo un pistolero se convirtió en leyenda, sino que atiende más a cómo un niño pobre terminó convertido en pistolero.

'Los desesperados' habla de la inmigración que soportó EE. UU. en esos años, de tierras, ganado y propiedades

Una cuestión para la que necesitamos saber más de su vida, hablar de la inmigración que soportó Estados Unidos en esos años, hablar de tierras, de ganado, de propiedades y de hombres que llegaron a América convencidos de que aquel territorio inmenso ofrecía una oportunidad para cualquiera. Y de otros que descubrieron, antes que ellos, que tener tierras era la mejor manera de tener futuro.

Por eso, en Los desesperados, hay momentos en los que Billy parece desaparecer de su propio libro, pero no es así. Simplemente Éric Vuillard está enseñándonos el mundo que lo fabricó.

¿De quién era el salvaje oeste?

Porque en el salvaje Oeste hubo un grupo de empresarios y burgueses que acumularon tierra, ganado, dinero y poder mientras otros sobrevivieron como pudieron. Y Billy pertenecía a estos últimos.

Vuillard se hace una pregunta: ¿Qué ocurre si dejamos de contemplar al criminal como un personaje aislado?

Esto no significa convertirlo en una víctima inocente: Billy robó, participó en enfrentamientos violentos, asesinó a sangre fría y vivió fuera de la ley. Vuillard no necesita borrar nada de eso, pero sí se hace una pregunta: ¿Qué ocurre si dejamos de contemplar al criminal como un personaje aislado y empezamos a mirar a la sociedad que lo produjo?

¿Qué pasa si dibujamos todo el contexto y dejamos de realizar retratos en plano corto? ¿Quién sale en esa foto? ¿Quién más tenía las manos manchadas de sangre?

Un western sin héroes

Los desesperados es una lectura breve, pero no sencilla. Los constantes desvíos que traza Vuillard de la biografía típica, los retazos de realidad de aquella época, convierten a este libro en una joya para aquellos amantes del género. Aquí descubrirán muchos detalles desconocidos para la mayoría.

Los desvíos que traza Vuillard de la biografía típica convierten a este libro en una joya para los amantes del género

Como decimos, Billy es el protagonista, pero no es realmente todo el tema. Éric Vuillard está contando también una historia sobre la riqueza, la propiedad y la manera en cómo se construyó una parte de Estados Unidos. Por eso este Oeste es extraño: aunque hay caballos, pistoleros y muertos, la aventura ha perdido buena parte de su grandeza y emoción. Y quizá eso sea precisamente lo que hace tan interesante a Los desesperados.

Hollywood nos enseñó a mirar a aquel joven que llevaba pistola y sombrero y cabalgaba sobre tierras áridas. Éric Vuillard consigue que, por una vez, miremos a quién tenía la tierra.

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