
Editorial: Anagrama
Traductor: Juan de Sola
Fecha de publicación original: 2026
Dieciocho años después de la publicación de Una novela rusa, aquel libro en el que Emmanuel Carrère explicó largo y tendido la vinculación de su abuelo materno con el colaboracionismo nazi, regresa ahora el escritor francés a la historia de sus ancestros. Lo hace en este monumental Koljós que recoge la historia familiar, por un lado la francesa y por otro la georgiana y rusa. Una historia que discurre en paralelo con la de Europa, tejiendo coincidencias y relaciones insospechadas.
Un libro que tiene como eje a su madre, Hélène Carrère d'Encausse. Figura central de la intelectualidad francesa, experta en la historia de Rusia y la primera mujer en convertirse en 'secretaria vitalicia' de la Academia. Es precisamente el funeral de Estado que ofreció el gobierno francés el punto de partida de este libro. Con las palabras de Macron empieza a tirar del hilo de la memoria el novelista para mostrarnos un retrato tan completo como personal de sus orígenes.
Todos los tópicos son ciertos
Esta historia se abre con la imagen de los Komarovski, la rama rusa del árbol genealógico del novelista. En ella vemos a su abuela materna, Nathalie Komarovski, hija de Victor Von Pelken y de la condesa Komarovski. Se les puede observar en la tranquilidad del palacete florentino que conservaron a través de las rentas que la nobleza zarista dispensaba a sus hijos pródigos.
En la siguiente diapositiva, la familia ha emigrado a Francia. La Revolución Bolchevique les ha obligado a deshacerse de sus posesiones y mudarse a Constantinopla, la actual Estambul. Allí otra revolución, la de Atatürk terminaba con el anquilosado Imperio Otomano y daba luz verde a una nueva época. Momento en que se ven forzados, de nuevo, a mudarse a París y cambiar las recepciones reales e importantes despachos por oficios menores como el de reponedor de almacén.
Dice Carrère (y repite a lo largo de Koljós) que cualquier tópico sobre Rusia es completamente cierto. En los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, Nathalie conoce a Georges Zourabichvili, su abuelo materno. De origen georgiano y alejado de de la realeza rusa, la otra rama de los Carrère escapó de su país con la invasión bolchevique, encontrando también en París un lugar donde establecerse.
[[DEST:Dice Carrère que cualquier tópico sobre Rusia es completamente cierto]]
Este último familiar acabará siendo el protagonista de aquella Una novela rusa que destapaba su supuesta relación con el nazismo. Carrérè no entra en todos los detalles de aquella investigación que le costó alejarse de su propia madre tras su publicación, aunque desmiente algunas inexactitudes casi dos décadas después de su publicación. No niega aún así que fue útil para el Reich, al menos como intérprete, durante los años de la Francia de Vichy.
Aquellos lazos nunca se pudieron demostrar completamente, pero nos abre aquí el novelista una puerta al ambiente de aquellos exiliados del comunismo, discutiendo en la sobremesa si Francia eran sus aliados, la Rusia comunista seguía siendo Rusia o si el Tercer Reich defendía sus intereses como exiliados. Esta última conclusión sería la que le costaría a Georges el fusilamiento a manos de la Resistencia Antifascista tras la Liberación.
Los Nabokov, los Chejov y los Carrérè
Para guiarnos por los complejos senderos de la heráldica familiar. El autor escoge otras páginas que van desde Guerra y paz a los cuentos de Chéjov para dibujar aquella Rusia de finales del XIX. Aunque también invocando paralelismos en los recuerdos infantiles del escritor Vladimir Nabokov, también exiliado, también descendiente de rusos blancos y también dado al tópico y la exageración que el francés asocia tanto a lo georgiano como a lo ruso de sus apellidos.
Por la capital francesa se paseaban entonces cientos de miles de supuestos descendientes de Nicolas II. Un fenómeno que llevó a afirmar a Henry Miller, quien habitó la ciudad en los mismo años, que el París de su Trópico de cáncer estaba lleno de Anastasias, en referencia a la principesca hija perdida de los Romanov. Hélène, en cambio, podía afirmar con total seguridad que su ascendencia era de regicidas. Más concretamente de los Panin, conspiradores en el asesinato del zar Pablo I en 1801.
Emparentados con regicidas y conspiradores en el asesinato del zar Pablo I en 1801
No es tarea fácil aún así seguir el camino más recto. Especialmente con antepasados que se codearon con princesas y príncipes, incluido el infame Félix Yusúpov, asesino de Rasputín y habitual entre las camarillas prozaristas y filofascistas posteriores a la Revolución de Octubre. Ambientes descritos en los libros del maltrecho Claude Bardèche, escritor entregado a dichas ideas que diseminó en su Suzanne y el cuchitril, donde la bisabuela de la rama rusa de los Carrère llegó a aparecer entre sus páginas.
También recoge las casualidades insospechadas. Una tarde su bisabuela acude a una proyección en París de una célula del Partido Comunista Francés (visita insospechada de por sí) que ofrece Octubre de Serguéi Eisenstein. En la escena en que la turba proletaria rodea a un banquero, descubre que el rostro de aquel hombre es el de su padre, que permaneció en Rusia y de quien no había tenido noticias desde hacía más de una década, convertido en actor del agitprop soviético.
El ascenso de Hélène
Hélène y Louis se conocen estudiando en Sciences Po, ella se gradúa, él no. Comienza así una carrera en la que la matriarca se convierte en experta en relaciones internacionales de las Repúblicas Socialistas de Asia Central y Louis en empleado de una empresa de seguros.
Ella publica El mal de Rusia primero y L'Empire éclaté (El imperio fragmentado) en 1978, anticipándose casi dos décadas al final de la Unión Soviética y señalando las inconsistencias, los "pies de barro" que recordó Macron décadas más tarde en su sepelio de Estado, y que nadie era capaz de adivinar en ese momento. Con los años asciende en su campo hasta convertirse en 'secretaria perpetua' de la Academia Francesa. Él se obsesiona con la historia familiar de su mujer.
Censuró en más de una ocasión el 'yo' literario de su hijo del que ella renegó por indecoroso
No hemos incluido más información sobre la rama paterna, precisamente porque carecemos de más datos. El propio autor explica que quien se encargó de recoger la mayoría de la información de la familia y de revisar árboles genealógicos y entrevistarse con parientes lejanos fue el propio Louis. Imbuido por la historia familiar de su mujer, la sangre azul y lo aristocrático. Sus investigaciones se convirtieron incluso (nos deja caer el propio Carrère) en una afrenta a la extrema modestia de su madre en estos asuntos.
Su propio hijo se sorprende de que aquel primer volumen, dedicado en sus casi 600 páginas al regicidio en Rusia durante tres siglos, no hay mención alguna a su vinculación a los Panin. Entrevemos la figura de una mujer seria hasta el extremo, poco dada a las muestras de afecto públicas y que censuró en más de una ocasión ciertos derroteros literarios de su hijo, tan centrado en un 'yo' artístico del que ella renegó por indecoroso.
Madre e hijo
La relación maternofilial es sin duda el grueso de este libro, más allá de la pintoresca saga familiar, la decadencia y la historia chocando una y otra vez con las líneas sucesorias. Carrère entra en detalles sobre la conflictiva relación matrimonial de sus padres y los problemas que le acabaron generando en su adolescencia. Los vaivenes emocionales que no consiguieron paliar décadas de psicoanálisis y la confesión de que, en pareja, se convierte en "una montaña rusa emocional", nótese aquí la ironía del topónimo.
Sin duda ya veníamos intuyendo esta y otras tantas cosas de la personalidad del escritor, quien ya las diseminó en Yoga. Sin embargo, se muestra especialmente vulnerable en este volumen. Descubrimos que el personaje de su tercera novela, El bigote, está inspirada en su abuelo, presentándose frente a su madre horas antes de ser secuestrado y asesinado, eso sí, afeitado e irreconocible, con el semblante de un extraño.
Su madre se planteó en aquellos años abandonar su puesto y el país tras la publicación de la novela
Esos momentos de quiebre de la realidad que se dan en sus novelas cobran un sentido distinto a través de Koljós. La publicación de Una novela rusa se convierte en un momento de cisma entre ambos. Descubrimos a través de los encuentros a escondidas con su padre, que su propia madre se planteó en aquellos años abandonar su puesto y el país por la publicación de la historia de colaboracionismo nazi de su familia.
"Siempre me especialicé en escribir sobre locos", reconoce entre sus páginas Emmanuel Carrère. De Limónov, a Jean-Claude Romand en El Adversarioo los terroristas responsables de la matanza de Bataclán en V13, el palmarés del escritor es el de trabajar con las personalidades e historias más difíciles. Y así es precisamente como leemos Koljós, con la atención puesta hacia quien ya ha hecho más de una vez "de tripas corazón" para llegar al fondo de algo, aunque ese algo sea hoy su propio linaje.
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