
Cherry Chic
Editorial: Planeta
Año de publicación original: 2026
Siempre hay un gruñón oficial. Y todo pueblo tiene uno. El que vive solo, que no quiere saber nada de nadie y que ha construido su vida a base de silencios y rutinas. Y que nadie trate de cambiárselas porque se opondrá con todo su ser.
A este gruñón le conocemos de sobra y nos suele generar una ternura incomprensible que nos genera una pregunta: ¿qué le habrá pasado para acabar así? Cherry Chic sabe la respuesta. Su respuesta se llama León.
La reina del cozy romance
Lorena, que es el nombre real detrás del seudónimo, empezó en 2016 autopublicando su primera novela en Amazon desde Coín, un pueblecito del Valle del Guadalhorce, en Málaga. Diez años y más de —se dice pronto— cuarenta títulos después, es una de las autoras de romance contemporáneo más leídas de España, pionera del cozy romance nacional y capaz de reunir colas de horas en cada firma de libros que protagoniza.
Esta novela es su apuesta más clara por lo que en los países anglosajones llaman el 'small town romance'
No hay secreto para su éxito. Escribe de lo que conoce, de personas reconocibles con heridas reales. Así que no es de extrañar que sus lectores lleven años sintiéndose retratados en cada una de sus obras. Giulia, el amor y un puñado de lavanda llega después de un 2025 frenético en el que publicó dos novelas y recorrió España de punta a punta.
Esta novela es su apuesta más clara por lo que en los países anglosajones llaman el small town romance, ese subgénero que arrasa allí con títulos como Cariño, cuánto te odio de Sally Thorne y que en España empieza a encontrar sus propias voces con autoras como Bea Peidró o la propia Cherry Chic.
Una relación inventada
Vamos a dejar de ser un poquito pedantes y traducir ese anglicismo que acabamos de soltar, así en frío, a través de la historia de la novela. Giulia lleva diez años sin volver a Valdelila, el pueblo de los veranos de su infancia. Cuando regresa, no lo hace con nostalgia sino con la actitud de quien va a resolver un trámite y volver a su vida lo antes posible. Pero lo que se encuentra es algo que dista muchísimo de ser un simple trámite.
Se encuentra con una casa que todavía huele a la lavanda de sus abuelos, una familia que se sostiene como puede y un niño que le va a poner el mundo patas arriba. ¡Ah! También se encuentra con León. Es la persona que más detesta del pueblo, pero, como en toda buena novela romántica que se precie, también es el que más le atrae.
Cherry Chic construye la historia desde dos puntos de vista que se van alternando capítulo a capítulo. Primero Giulia, luego León
Cherry Chic construye la historia desde dos puntos de vista que se van alternando capítulo a capítulo. Primero Giulia, luego León. Primero el caos, luego el silencio. Primero la que llega con el mundo revuelto, luego el que lleva años protegiéndose de exactamente ese tipo de persona.
Esa alternancia no es solo un recurso narrativo. Es la manera en que la autora va desmontando a sus personajes desde dentro, mostrando lo que cada uno esconde detrás de lo que proyecta a los demás.
El tropo del enemies to lovers es uno de los más transitados últimamente por la novela romántica, y también uno de los más difíciles de hacer bien. Cuando funciona, como en El arte de engañar al karma de Elísabet Benavent o en la propia Aunque llueva en primavera de Cherry Chic, funciona porque los personajes tienen razones reales para no soportarse y razones igual de reales para acabar necesitándose.
Cuando no funciona es porque el conflicto entre los personajes parece artificial, un obstáculo puesto ahí para estirar la trama. En esta novela que nos ocupa funciona porque Giulia y León no se odian. Se incomodan. Y esa diferencia es capital.
Lavanda y segundas oportunidades
Hay algo en la premisa de esta novela que va más allá del romance. Volver a un lugar de la infancia después de años sin hacerlo es siempre un ejercicio de confrontación con uno mismo. Con lo que fuiste, con lo que creías que ibas a ser, con lo que ese lugar todavía espera de ti.
Volver a un lugar de la infancia después de años sin hacerlo es siempre un ejercicio de confrontación con uno mismo
Cherry Chic usa esa tensión con inteligencia, y la lavanda de la casa de los abuelos de Giula funciona como algo mucho más seminal que un simple detalle ambiental. Es el hilo conductor que conecta el pasado con lo que está a punto de cambiar.
Para quien ya conoce a Cherry Chic, Giulia el amor y un puñado de lavanda va a reafirmar todo aquello que le atrae de esta autora. Para quien no la habíamos leído hasta ahora, es un lugar tan bueno como cualquier otro para empezar. Un lugar que huele de maravilla.
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