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Un pequeño búho rural coloniza sin miedo la ciudad

Un pequeño búho rural coloniza sin miedo la ciudad

Pensamos en la ciudad y a nuestra mente vienen imágenes de tráfico, contaminación, ruido y muchedumbre. La urbe no parece ser el hábitat idóneo para otros animales además de los humanos. Sin embargo, científicos españoles y argentinos demuestran que algunas especies, como el mochuelo de las madrigueras, llevan unas pocas décadas adentrándose en la metrópoli desde el campo sin sufrir estrés. 

Búho de las madrigueras

Sinc Búho de las madrigueras

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La acelerada tasa de crecimiento de la población humana y la consiguiente expansión de los núcleos urbanos suponen una de las mayores amenazas para la conservación de la biodiversidad en el mundo. Esto se debe a la presencia de nuevos competidores como el ruido, los cambios en las fuentes de alimento, la contaminación lumínica y las perturbaciones humanas.

En este sentido, diversos trabajos sugieren que, entre otros factores, los hábitats urbanos pueden ser una fuente importante de estrés para los animales que viven en ellos.

Pero mientras una inmensa mayoría de las especies no son capaces de persistir en estos entornos modificados, otras los ocupan con éxito e incluso alcanzan densidades más altas que en los medios naturales. “Esto sugiere que quizás no siempre las zonas urbanas supongan una fuente de estrés”, adelanta a Sinc Martina Carrete, investigadora de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) y la Estación Biológica de Doñana (CSIC).

El nuevo trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, ha analizado la situación del búho de las madrigueras (Athene cunicularia) que ha colonizado en pocas décadas la ciudad de Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires (Argentina). Los resultados revelan que tanto los individuos rurales como los urbanos presentan los mismos niveles de estrés.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores, entre los que han participado además de la UPO la Estación Biológica de Doñana (CSIC), la Universidad Nacional del Sur y la Universidad de Buenos Aires (estas dos últimas de Argentina), midieron los niveles de una hormona clave en la respuesta al estrés en las aves, la corticosterona, en ejemplares de ciudad y de campo.

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Los mochuelos más tolerantes a las perturbaciones humanas son los que colonizan la ciudad. / Natalia Rebolo

Una hormona indicadora del estrés

Los científicos utilizaron la concentración de esta hormona en las plumas como medida general del estrés experimentado por los mochuelos durante un periodo de varias semanas. Así pudieron comprobar si los niveles de estrés difieren entre poblaciones y si esta variabilidad está relacionada con la supervivencia de las aves año tras año.

“A pesar de que los individuos urbanos y rurales difieren en la exposición que tienen a las perturbaciones y en la distancia a la que huyen de las personas, no encontramos diferencias en los niveles de hormona del estrés”, subraya Carrete quien añade que esto se debe a que, al ocupar la ciudad, los mochuelos urbanos no perciben las perturbaciones humanas como un peligro porque son individuos que presentan una mayor tolerancia que los mochuelos rurales.

Pero los niveles de esta hormona en los individuos urbanos se relaciona con su supervivencia. “Los individuos urbanos con niveles muy bajos o muy altos de esta hormona tienen una menor supervivencia que aquellos que presentan niveles intermedios”, declara a Sinc Natalia Rebolo-Ifrán, autora principal del estudio e investigadora en la Universidad de Buenos Aires.

Según la científica, esto se debe al efecto complejo que tiene esta hormona en el organismo “ya que a niveles intermedios favorece la actividad motora y la alerta de los individuos, pero a niveles elevados tiene efectos negativos y puede provocar la muerte”.

En cambio, en los individuos rurales no hay relación entre supervivencia y niveles de estrés “probablemente debido a que las altas tasas de predación están enmascarando esta relación”, señalan las autoras.

Los resultados apoyan la idea de que los mochuelos de las madrigueras más tolerantes a las perturbaciones humanas son los que colonizan la ciudad. “Salvo en situaciones de estrés inusualmente altas, su supervivencia no se ve afectada por este factor”, concluyen las investigadoras, quienes aseguran que aún queda mucha investigación para extrapolar estos resultados a otras especies de aves que habitan con éxito en entornos urbanos.

Referencia bibliográfica:

Natalia Rebolo-Ifrán et al. “Links between fear of humans, stress and survival support a non-random distribution of birds among urban and rural habitats” Scientific Reports 5:13723 | DOi: 10.1038/srep13723 septiembre de 2015

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