Esta semana se ha publicado en la revista The Lancet el primer estudio que identifica los factores de riesgo asociados con la muerte de adultos hospitalizados con la enfermedad COVID-19 provocada por el coronavirus SARS-CoV-2 en Wuhan (China).

Los resultados, obtenidos a partir de una muestra de 191 pacientes, revelan que los factores de riesgo asociados a una mayor posibilidad de morir por el nuevo coronavirus son ser una persona mayor, mostrar signos de sepsis o septicemia (una infección generalizada por un patógeno) y tener problemas de coagulación sanguínea cuando se ingresa en el hospital.

Tener una edad avanzada, mostrar signos de sepsis y problemas de coagulación sanguínea cuando se ingresa en el hospital son factores claves asociados con un mayor riesgo de muerte por el nuevo coronavirus

En concreto, además de la edad avanzada, los autores apuntan dos factores más técnicos que podrían ayudar a los médicos a identificar a los pacientes con un mal pronóstico desde etapas tempranas: tener un valor alto en la evaluación de la insuficiencia secuencial de órganos (SOFA, un sistema para puntuar el estado de pacientes ingresados en la unidad de cuidados intensivos) y un dímero D (un marcador de coagulación) que superior a 1 μg / L.

Con este estudio, los autores examinan por primera vez los factores de riesgo asociados con la enfermedad grave y la muerte en adultos hospitalizados que fallecieron o fueron dados de alta del hospital. De los 191 pacientes, 137 fueron dados de alta y 54 murieron en el propio centro hospitalario. Los autores subrayan que la interpretación de sus hallazgos podría estar limitada por este tamaño de la muestra.

Los investigadores también presentan nuevos datos sobre la propagación del virus, que indican que la duración media de su diseminación fue de 20 días en los supervivientes (de 8 a 37 días) y que el virus se detectó hasta su muerte en los 54 que no sobrevivieron.

Los autores advierten que la duración de la diseminación viral está influenciada por la gravedad de la enfermedad, y recuerdan que todos los pacientes del estudio fueron hospitalizados, dos tercios de los cuales tenían una enfermedad grave o crítica. Además, la duración estimada de la difusión del virus se vio limitada por la baja frecuencia de recogida de muestras respiratorias y la falta de detección de material genético.

"La propagación viral extendida observada en nuestro estudio tiene implicaciones importantes para guiar las decisiones sobre precauciones de aislamiento y tratamiento antiviral en pacientes con infección confirmada por el virus del COVID-19. Sin embargo, debemos tener claro que el tiempo de diseminación  viral no debe confundirse con la guía de autoaislamiento para personas que pueden haber estado expuestas al virus pero que no tienen síntomas, ya que esta guía se basa en el tiempo de incubación del virus ", explica el coautor principal, el profesor Bin Cao del Hospital de Amistad China-Japón y la Universidad Capital Medical de China.

La duración media de la diseminación del virus fue de 20 días en los supervivientes (de 8 a 37 días) y que el virus se detectó hasta su muerte en los pacientes que no sobrevivieron

El investigador continúa: "Recomendamos que se requieran pruebas negativas para COVID-19 antes de que los pacientes sean dados de alta del hospital. En la gripe grave, el tratamiento viral retardado prolonga la duración de la eliminación del virus, y juntos, estos factores ponen a los pacientes infectados en riesgo de morir". Del mismo modo, un tratamiento antiviral eficaz puede mejorar los resultados, aunque en nuestro estudio no hemos observado un acortamiento de la duración de la eliminación del virus después del tratamiento antiviral".

Según el coautor, el doctor Zhibo Liu del Hospital Jinyintan: "La edad avanzada, con  signos de sepsis al ingreso, enfermedades subyacentes como presión arterial alta y diabetes, y el uso prolongado de ventilación no invasiva fueron factores importantes en la muerte de estos pacientes. Los peores resultados en las personas mayores pueden deberse, en parte, al debilitamiento del sistema inmune relacionado con la edad y al aumento de la inflamación, que podría promover la replicación viral y respuestas más prolongadas a la inflamación, causando daños duraderos en el corazón, el cerebro y otros órganos"

Por primera vez, el estudio describe la imagen completa de la progresión del COVID-19. La media de duración de la fiebre fue de aproximadamente 12 días en los que lograron sobrevivir, y fue similar en los que no lo consiguieron. Respecto a la tos, puede durar mucho tiempo: el 45% de los supervivientes todavía tenían tos cuando se les dio el alta.

En las personas que sobrevivieron, la disnea (dificultad para respirar) cesó después de aproximadamente 13 días, pero duró  hasta la muerte en los que fallecieron. El estudio también ilustra el momento de la aparición de diferentes complicaciones, como sepsis, síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), insuficiencia cardíaca aguda, insuficiencia renal aguda y la infección secundaria.

El nuevo análisis incluye a todos los adultos (de 18 años o más) con COVID-19 confirmados por pruebas de laboratorio e ingresados ​​en el Hospital Jinyintan y el Hospital Pulmonar de Wuhan después del 29 de diciembre de 2019, que habían sido dados de alta o fallecieron antes del 31 de enero de 2020. Estos fueron los dos hospitales designados para transferir pacientes con COVID-19 grave de todo Wuhan hasta el 1 de febrero de 2020.

La duración de la fiebre fue de aproximadamente 12 días, pero la tos puede durar mucho más: el 45% de los supervivientes todavía la tenían cuando se les dio el alta.

Durante el estudio, los investigadores compararon historias clínicas, datos de tratamiento, resultados de laboratorio y datos demográficos entre los supervivientes que habían sido dados de alta del hospital y los que murieron. Analizaron el curso clínico de los síntomas, la diseminación de virus y los cambios en los hallazgos de laboratorio durante la hospitalización (por ejemplo, exámenes de sangre, radiografías de tórax y tomografías computarizadas) y utilizaron modelos matemáticos para examinar los factores de riesgo asociados con la muerte en el hospital.

En promedio, los pacientes eran de mediana edad (una edad media de 56 años), la mayoría eran hombres (62 %, 119 pacientes) y alrededor de la mitad tenían afecciones crónicas subyacentes (48 %, 91 pacientes), siendo la más común la hipertensión arterial (30%, 58 pacientes) y diabetes (19 %, 36 pacientes). Desde el inicio de la enfermedad, la media del tiempo hasta el alta fue de 22 días, y el tiempo promedio hasta la muerte fue de 18,5 días.

En comparación con los supervivientes, los pacientes que murieron tenían más probabilidades de ser mayores (edad promedio de 69 años frente a 52 años) y con una puntuación más alta en la evaluación SOFA, indicando sepsis y niveles sanguíneos elevados del marcador proteico de coagulación dímero D al ingresar al hospital.

Además, el recuento más bajo de linfocitos (un tipo de glóbulo blanco), los niveles elevados de interleucina 6 (IL-6, un biomarcador para la inflamación y la enfermedad crónica) y el aumento de las concentraciones de troponina I de alta sensibilidad (un marcador de ataque cardíaco) fueron más frecuente en la enfermedad COVID-19 severa.

La frecuencia de complicaciones como insuficiencia respiratoria (98%, 53/54 no supervivientes frente a 36 %, 50/137 que sí), sepsis (100 %, 54/54 frente a 42%,  58/137) e infecciones secundarias (50 %, 27/54 vs 1%, 1/137) también fueron mayores en los fallecidos que en los paciente que salieron adelante.

Desde el inicio de la enfermedad en un paciente, la media del tiempo hasta el alta fue de 22 días, y el tiempo promedio hasta la muerte fue de 18,5 días

Los autores señalan varias limitaciones del estudio, que incluyen que debido a la exclusión de pacientes aún hospitalizados a 31 de enero de 2020 y, por tanto, con una enfermedad relativamente más grave en una etapa anterior, el número de muertes no refleja la mortalidad real de COVID-19.

También señalan que no todas las pruebas de laboratorio (por ejemplo, la prueba del dímero D) se realizaron en todos los pacientes, por lo que su papel exacto en la predicción de la muerte en el hospital podría haberse subestimado.

Finalmente, la falta de antivirales efectivos, la adhesión inadecuada a la terapia de soporte estándar y altas dosis de corticosteroides, así como la transferencia de algunas personas demasiado tarde al hospital, también podrían haber contribuido a los malos resultados en algunos pacientes.