Entre 2009 y 2019, las campañas de excavación en la cueva de Els Trocs en Huesca sacaron a la luz, además de numerosos hallazgos arqueológicos, restos humanos de al menos dos docenas de individuos. Nueve de estos –cinco adultos y cuatro niños– tienen una antigüedad de 7.300 años.

Entre las víctimas, un varón de unos 30 años y un niño de seis fueron padre e hijo, según datos genómicos

Un trabajo publicado en la revista Scientific Reports presenta ahora un estudio exhaustivo de estas nueve personas. Dos de ellos (un varón de unos 30 años y un niño de seis) fueron padre e hijo, según datos genómicos. Los otros tres niños tuvieron madres diferentes, cuyos genomas no se han detectado entre los huesos de la cueva.

Los investigadores, liderados por la Universidad de Valladolid, destacan no solo el alto grado de fragmentación de los restos óseos, sino también su enorme dispersión por la cueva sin conexiones anatómicas claras. Esto les ha permitido deducir que los huesos no se corresponden con enterramientos estructurados.

“Lo más sorprendente que ha deparado el estudio antropológico ha sido el hallazgo, en los nueve individuos mencionados, de evidencias de una extrema violencia peri e incluso post mortem”, declaran los autores.

Una muerte extremadamente violenta

“Así, por ejemplo –agregan– cuatro de los cinco adultos muestran heridas similares de impactos de flecha en el cráneo que, con mucha probabilidad, fueron los causantes de su muerte. Además, todos los individuos, tanto adultos como infantiles, presentan numerosas lesiones por objeto contundente en el cráneo y otros huesos, especialmente los huesos largos, que también pudieran haber provocado la muerte de estos individuos”.

Según el análisis, en los huesos largos de los brazos y las piernas esta violencia se aprecia a menudo cerca de las articulaciones, lo que ha dado lugar a su ruptura y destrozo.

Por otra parte, las características de las lesiones producidas por el impacto de flechas indican que se ocasionaron fuera de la cueva. Los cuerpos, posteriormente, fueron trasladados al interior, donde sufrieron nuevas manipulaciones traumáticas postmortem.

Los perpetradores de la masacre, por su parte, podrían haber sido cazadores-recolectores locales

“Los patrones de las lesiones son claros en cuanto a la secuencia de la violencia aplicada. La mayoría de los impactos violentos fueron ciertamente infligidos alrededor del momento de la muerte”, recalca Rafael Garrido Pena, coautor del trabajo y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

“Sin embargo, y debido a la similitud de las huellas de violencia postmortem, estas pudieron haber formado parte de un ritual de difícil comprensión hoy en día y que podríamos considerar como una ‘segunda ejecución”, afirma el experto.

¿Quién los mató?

No es posible determinar con precisión quiénes fueron los atacantes, pero los investigadores plantean varias hipótesis para explicar por qué se produjo el asesinato de bebés y adultos mayores y el manejo brutal de los cadáveres.

Según indican, podría haber sido una cuestión de disputas territoriales o de robo de ganado o de mujeres, que se intensificaron hasta producir un ensañamiento. Las víctimas formaban parte de los primeros inmigrantes Neolíticos, procedentes de Oriente Medio, que se extendieron por toda Europa desde hace 10.000 años.

Los perpetradores de la masacre, por su parte, podrían haber sido cazadores-recolectores locales que se sintieron perturbados por las actividades de los pastores neolíticos en su territorio, o bien podrían haber sido grupos agroganaderos rivales, con los que se habrían intensificado las disputas.

Referencia: 

Kurt W. Alt et al. (2020) “A massacre of early Neolithic farmers in the high Pyrenees at Els Trocs, Spain”. Scientific Reports 10:2131. Doi: https://doi.org/10.1338/s41598-020-58483-9.