La misión Solar Orbiter de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha despegado hoy a las 05:03 h (hora peninsular española) en un cohete Atlas V de la NASA desde Cabo Cañaveral, en Florida (EE UU), para estudiar el Sol como nunca antes.

Las señales de la nave espacial se recibieron en la estación terrestre de Nueva Norcia (Australia) a las 06:00 h tras la separación de la etapa superior del lanzador en la órbita terrestre baja.

Lanzamiento

Lanzamiento de la misión Solar Orbiter desde la Estación de las Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral (Florida, EE UU). / Jared Frankle

Solar Orbiter es una misión de la ESA con fuerte participación de la NASA y ofrecerá las primeras imágenes de las desconocidas regiones polares del Sol, lo que permitirá conocer como nunca antes el funcionamiento de nuestra estrella.

También investigará cómo la intensa radiación y las partículas energéticas que emite el Sol y transporta el viento solar afectan a nuestro planeta, para así poder comprender y predecir mejor los periodos de tormentas espaciales. Estas tormentas podrían, por ejemmplo, poner fuera de juego nuestras redes eléctricas, perturbar el tráfico aéreo o las telecomunicaciones y hacer peligrar a los astronautas durante los paseos espaciales.

“Los humanos siempre hemos sabido de la importancia del Sol para la vida en la Tierra, y lo hemos observado e investigado su funcionamiento a fondo; pero también somos conscientes del potencial que posee para perturbar nuestra vida cotidiana si nos encontramos en la línea de fuego de una potente tormenta solar”, reconoce Günther Hasinger, director de Ciencia de la ESA.

“Al finalizar la misión Solar Orbiter, tendremos más información que nunca sobre la fuerza oculta responsable del comportamiento cambiante del Sol y su influencia en nuestro planeta”, destaca Hasinger.

En su acercamiento máximo, Solar Orbiter se situará dentro de la órbita de Mercurio, a unos 42 millones de kilómetros de la superficie solar. La avanzada tecnología de su escudo térmico garantizará la protección de los instrumentos científicos de la nave cuando tenga que soportar temperaturas de hasta 500 °C, hasta 13 veces el calor que sufren los satélites en órbita terrestre.

“Tras veinte años desde su concepción, seis años de construcción y más de un año de pruebas, hemos creado junto a nuestros socios industriales nuevas tecnologías termorresistentes y afrontado con éxito el desafío de construir una nave preparada para mirar al Sol y estudiarlo de cerca”, subraya César García Marirrodriga, responsable del proyecto Solar Orbiter de la ESA.