Es evidente que a BQ le gustan las apuestas. La primera y más fuerte, por supuesto, en ellos mismos. Pero también han demostrado que si les sobran fichas no van a lo seguro: todo al 8 y que sea lo que tenga que ser. Si sale bien, triunfan; si no, tienen a su equipo de ingenieros contando cartas en las mesas de blackjack que son la gama media. Es un beneficio constante, pero arriesgado (aquí no hay un Joe Pesci con un martillo, pero sí muy poco margen para equivocarse) que permite hacer jugadas aún más locas. Por ahora, funciona. Y mola.

El último envite ha sido un órdago a chica —para qué irnos a Las Vegas si el campeonato nacional de mus tiene el mismo glamour— con Canonical de pareja: la jugada se llama Aquaris E4.5 Ubuntu Edition. El nombre lo deja claro: es un E4.5 (que, a su vez, es un Aquaris E5 venido a menos) con Ubuntu OS, un sistema operativo más libre que William Wallace en un anuncio de compresas ¿Hacía falta? Posiblemente no, pero, según nos contaron en el Mobile World Congress (al que acudieron este año por primera vez), han generado aún más expectación de la que esperaban.

Y es que Ubuntu tiene una serie de fanáticos que ríase usted de los 'beliebers', dispuestos a gastarse los 169,90 euros que cuesta el dispositivo solo por probarlo. Si encima todo funciona bien, miel sobre hojuelas. Ahora bien, no es para todos.

El 'hardware' está bastante ajustado a su precio, con una pantalla de 4,5 pulgadas con resolución qHD, un procesador Mediatek Cortex A7 de cuatro núcleos a 1,3 GHz, 1 GB de RAM y 8 GB de almacenamiento que sí pueden resultar algo escasos. El rendimiento es bastante fluido, aunque con algunas ralentizaciones puntuales en los propios menús del sistema operativo (nada de aplicaciones exigentes, porque aún no hay) La cámara trasera es de 8 megapíxeles.

Ubuntu OS está basado en gestos. Es decir, que no hay botones, más allá del que bloquea y desbloquea la pantalla y los de control de volumen ¿Quieres volver atrás? Busca el icono correspondiente en la pantalla. Para lo demás, gestos. Deslizar la pantalla desde arriba permite acceder a las notificaciones y a distintas opciones de configuración (lo típico, vamos); desde la derecha, llegar a la multitarea; desde abajo, opciones contextuales y desde la izquierda, una suerte de lista de aplicaciones ¿Quieres ir al menú de inicio? No hay.

Esta es otra de las claves del sistema operativo. La plataforma gira alrededor de 'Scopes', una forma de ofrecer contenido relevante para el usuario, ya sean noticias, información de sus redes sociales o aplicaciones. También funciona como pantalla de inicio, aunque en realidad no hay una propiamente dicha. Vamos, que no hay casilla de salida. Toto, me temo que no estamos en Kansas. Ni en el Monopoly.

Tras un tiempo con Ubuntu OS la sensación es la misma. Lo entiendes, pero no lo comprendes. Más allá de diferenciarse del resto de sistemas operativos, no había necesidad de renunciar a los botones. Además, limita el tamaño de los dispositivos, pues tiene que ser posible controlar todo con una mano. Si no hay cambios, no deberían aparecer phablets Ubuntu OS.

Otro problema es la ausencia de aplicaciones. Todos los sistemas operativos que llegaron tras iOS se han enfrentado a esto y no todos han salido victoriosos. Android, por ejemplo, ya tiene una tienda descomunal, pero no consigue quitarse sus 'peros': las aplicaciones no siempre están optimizadas para el cajón de sastre que es su catálogo de teléfonos (y eso por no hablar de los estudios que dicen que sus usuarios lo de pagar no lo llevan tan bien). Windows Phone, por su parte, todavía va varios meses por detrás en lo que a apps se refiere, si bien ya están casi todas las imprescindibles (a menos que se considere que Instagram es imprescindible, claro). Ubuntu, por ahora, no tiene ni WhatsApp.

Puede parecer estúpido, pero es algo que echará para atrás a muchos interesados. Nos guste o no, es la aplicación de mensajería más utilizada y renunciar a ella puede suponer la exclusión social, especialmente de cara a los más mayores. Porque sí: si le digo a mi madre que se baje Telegram me pregunta que si a la mierda me voy a ir a pie o en bici y haz el favor de traerme los 'tuppers' que te llevaste en Nochebuena. No le falta razón, a la pobre, en ninguna de las dos afirmaciones. Lo que sí hay (Twitter o Facebook) tampoco es que tenga muy buena pinta y se queda con un diseño muy de 2012. Ni que fuésemos cavernícolas.

En definitiva, Ubuntu OS es un soplo de aire fresco que se defiende en sus pañales entre las tempestades que son iOS, Android y hasta Windows Phone, que comparado con los anteriores no llega ni a gota fría y en este caso es un temporal capaz de hundir Atlántida. Lo mejor es que la comunidad de usuarios a la que va dirigido es precisamente la de los cazadores de tormentas: sabe de esto y trabajará para que crezca.

Por otro lado, no hay que olvidar que hay un mercado más allá del mercado, formado, en este caso, por los países emergentes y todos aquellos preocupados por no ser los dueños de sus teléfonos. Firefox OS fracasó, pero tal vez Ubuntu sí logre quedarse. Por lo pronto, tiene mejor pinta. Pero no se lo compres a tu madre.