La historia de la robótica es como la de Geppetto y Pinocho. Como los alquimistas y su afán por convertir un tronco de madera en un lacayo. El humano empezó a construir máquinas para que trabajaran a su servicio. Eso fue el principio. Después descubrió que los robots, al igual que las personas, llegan más lejos juntos que separados y entonces inventó el cloud robotics.

El concepto es una traslación del cloud computing a la robótica. La inmensa mayoría de los ordenadores actuales están conectados entre sí a través de internet y todos se encuentran en un espacio llamado nube o cloud computing. Ahí comparten programas, acceden a bases de datos, guardan información... Esos servidores acumulan el conocimiento generado cada día y millones de aplicaciones que los humanos utilizan constantemente en su actividad digital.

Los robots no son más que un intento de humano mejorado. Era inevitable, entonces, que siguieran los pasos de los individuos y sus primeras máquinas: inventar un lenguaje común y una misma red de comunicación para todos. “Es necesario crear un estándar que les permita comunicarse entre sí y un organismo internacional que lo construya”, indica Toni Ferraté, experto en robótica y presidente de la compañía Ro-Botica.

“En internet se fueron creando protocolos y alguien creó la World Wide Web. Desde entonces todos la utilizamos para comunicarnos. Podemos hacer lo mismo para los robots. Internet, además, siempre se ha concebido como una herramienta para humanos pero también puede servir para los robots. Pueden utilizar aplicaciones que ahora usan las personas, como el GPS, información sobre el tiempo o el tráfico, reconocimiento visual de objetos... Los robots evolucionan más rápido si pueden utilizar información y aplicaciones especializadas almacenadas en una nube. Es mucho más eficiente que cargar a un robot de programas propios”.

La evolución de los bots puede ser muy rápida y resultaría infinitamente más veloz que la de los humanos. “Este ecosistema para robots conseguiría que aprendieran de forma acelerada. Las personas hemos aprendido por supervivencia. Los robots pueden hacerlo por prueba y error”, explica Ferraté. “Deberíamos crear un ecosistema en el que, por selección natural, sobrevivan en el cloud las herramientas que mejor funcionan. Los robots deben saber qué programas les permiten cumplir su misión y tendrían que puntuarlas en función de su éxito o fracaso. Toda esta información aportada por la sociedad mundial de robots revelaría qué es lo que mejor funciona”.

El concepto de cloud robotics ya ha empezado a tomar forma. Algunas compañías como RoboEarth, la agencia de defensa estadounidense DARPA o el MIT trabajan en ello pero aún no existe un protocolo que reúna toda la información y desarrollos en una red como la World Wide Web. Internet era así en sus orígenes. Estaba compuesta de muchas islas de comunicación independientes hasta que Tim Bernes-Lee creó, en 1990, la WWW.

Los robots trabajan desde hace años en hospitales, industrias, laboratorios... La imagen más poética de la sociedad de los bots se compone de máquinas humanoides (con forma de humano). Pero no son las únicas. Los brazos mecánicos de las fábricas o los porteros automáticos de las casas también son robots. Un ejemplo de la mejora que supondría la conexión de estos aparatos a través del cloud sería, según Ferraté, aplicar el reconocimiento facial al portero automático: “Hoy hay una cámara y una persona tiene que ver quién está llamando. El sistema experto dejaría pasar a los individuos autorizados sin necesidad de que alguien esté controlando”.

Los humanoides también dibujan los escenarios más distópicos de la 'robolución'. Pero, por el momento, no hay nada de eso. Al contrario. Están salvando a personas atrapadas en catástrofes naturales y están entrando en zonas de alta radiactividad donde la salud humana quedaría pulverizada al instante. En ello trabajan, entre otros, DARPA, la empresa Boston Dynamics o la red social Myrobots.

Japón, Corea y EEUU llevan años liderando la investigación robótica, pero la escena promete dar un salto importante. Un gigante entra al tablero de juego: China. “Está prevista una robotización brutal de este país en procesos industriales”, indica Ferraté. “De hecho, ya han empezado y en muy poco tiempo será el país con más demanda de robots en el mundo”.