LA OPINIÓN DE LOS EXPERTOS

¿El deporte causa o cura la migraña? Lo que la ciencia dice sobre esta contradicción

El reto está en encontrar el equilibrio: la intensidad, la frecuencia y la progresión del entrenamiento pueden marcar la diferencia entre desencadenar un episodio de migraña y convertir la actividad física en una aliada para controlarla.

Dolor de cabeza durante el ejercicio

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Ponerte a entrenar puede provocarte una crisis destructiva hoy mismo, pero salvarte la vida a largo plazo. Las mujeres jóvenes soportan la mayor parte de esta carga, concretamente 1,6 veces más que los hombres.

En un estudio en consulta especialista, el 38% de los pacientes sufrió crisis por hacer ejercicio, y la mitad terminó abandonándolo. El esfuerzo físico extremo libera CGRP, un neuropéptido clave en la migraña. Si a esto le sumas un mal calentamiento o sobreentrenamiento, entras en un ciclo destructivo. Pero si superas esa barrera, el ejercicio modifica el umbral de disparo del cerebro.

La Universidad de Valencia analizó 15 estudios y demostró que los beneficios siguen una curva en 'U'. Recomiendan 3 sesiones de 30 minutos a la semana, al 50-70% del VO₂máx, durante 10 a 11 semanas. Ahí es donde se reduce la intensidad del dolor y la frecuencia de ataques.

Esta relación entre actividad física y migraña pone de manifiesto que no siempre entrenar más significa obtener mejores resultados. Para quienes experimentan dolor de cabeza durante o después del ejercicio, aumentar bruscamente la intensidad puede resultar contraproducente. En cambio, comenzar de forma gradual y mantener una rutina adaptada puede facilitar la continuidad y ayudar a valorar cómo responde el organismo.

Además, es importante distinguir entre los beneficios generales del ejercicio y la respuesta individual de cada persona. La migraña puede variar en frecuencia e intensidad, y factores como el descanso, la hidratación y la regularidad de las comidas también pueden influir en cómo se tolera el entrenamiento. Por eso, si la actividad física desencadena crisis repetidas, conviene consultar con un profesional sanitario para ajustar el plan y descartar otras causas.

Un ensayo clínico comprobó que entrenar reduce las crisis exactamente igual que un potente fármaco preventivo, restando una crisis al mes. Por eso es la alternativa perfecta si no toleras los efectos secundarios de las medicinas. Y según investigaciones publicadas en 2025, combinar ejercicio aeróbico y de fuerza entre 70 y 135 minutos semanales es la dosis ideal. El ejercicio no supera a los fármacos, pero sí te da una salida real.

Investigadores de todo el mundo confirman que la actividad física continuada es una herramienta sólida. Elegir una dosis adecuada de deporte ayuda a transformar una amenaza en la mejor prevención contra el dolor.

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