Contenedores incendiados
Las protestas estudiantiles que exigen la dimisión del primer ministro de Albania acaban con graves disturbios y 65 heridos
Los detalles Pese a que las manifestaciones comenzaron de forma pacífica, acabaron con escaparates destrozados y con algunas personas prendiendo fuego a bancos y edificios gubernamentales, como la sede del Tribunal Supremo.

Resumen IA supervisado
Albania enfrenta una crisis similar a la de Francia, con protestas estudiantiles masivas pidiendo la dimisión del primer ministro Edi Rama. Las manifestaciones, que ya llevan cinco días, han resultado en disturbios y 65 heridos. Los manifestantes han lanzado adoquines a la Policía y han incendiado contenedores, mientras las fuerzas de seguridad responden con cañones de agua y gases lacrimógenos. Rama, quien ha rechazado dimitir, sugiere una injerencia extranjera detrás de las protestas. Sin embargo, la indignación se centra en la corrupción, el desempleo y las condiciones universitarias precarias. Las protestas pacíficas han derivado en vandalismo contra edificios gubernamentales.
* Resumen supervisado por periodistas.
Albania está viviendo una situación similar a la que estamos viendo en Francia. El quinto día de protestas estudiantiles masivas que exigen la dimisión de Edi Rama, primer ministro de Albania, ha vuelto a terminar con disturbios, además de dejar 65 heridos.
Allí, han levantado adoquines del suelo para lanzarlos contra la Policía. Además, contenedores han sido incendiados y utilizados como barricadas, mientras la Policía ha respondido con cañones de agua, gases lacrimógenos y pelotas de goma.
Este domingo, cientos de manifestantes se han congregado frente al Ministerio de Educación de Tirana para exigir la dimisión de Rama, un primer ministro que ya ha dejado claro que no se va a marchar. "En la práctica, esta es un arma que, Dios no lo quiera, podría ser letal", ha declarado el político en un vídeo en el que sujeta una piedra.
Tras desplegar a las fuerzas antiterroristas, el primer ministro de Albania ha apuntado a una supuesta injerencia extranjera: "Ningún joven, ningún estudiante, ningún menor de edad concebiría jamás un plan así, y mucho menos lo llevaría a cabo; esto es obra de un extranjero".
Sin embargo, en las calles, la indignación apunta hacia casa, a la falta de empleo, la corrupción y a las precarias condiciones universitarias. "Queremos trabajar y vivir aquí sin tener que irnos por la corrupción y la sensación de que nunca nada es suficiente", ha expresado al respecto Enfjull, manifestante.
Pese a que las protestas comenzaron de forma pacífica, acabaron con escaparates destrozados y con algunas personas prendiendo fuego a bancos y edificios gubernamentales, como la sede del Tribunal Supremo.